Trump quiere derrocar a Maduro en Venezuela y eso no augura nada bueno para la región


Permítanme ser claro: no tengo ninguna simpatía por el régimen de Nicolás Maduro en Venezuela. Destruyó la economía de su país, empujó a millones de venezolanos al exilio, confiscó el proceso electoral de 2024; en resumen, se descalificó para gobernar sobre cualquier base democrática. Esto no hace que la acción militar estadounidense contra Venezuela, que hoy parece más que probable, sea más legítima o incluso deseable. La armada reunida por Estados Unidos en la región del Caribe y las acciones militares contra embarcaciones sospechosas de transportar drogas, que ya han matado a unas 80 personas, son los presagios de una operación contra el régimen de Maduro. Llamada “Lanza del Sur”, tiene todo lo de un intento de derrocar el poder venezolano y plantea muchas preguntas.



El primero es obviamente el de la legalidad. Parece ridículo, en el entorno actual, plantear la cuestión del derecho internacional, como ahora se burlan de ello las potencias depredadoras de este mundo. Rusia en Ucrania, China en el Mar de China Meridional, Israel en los territorios palestinos ocupados o Estados Unidos en el Mar Caribe, por citar sólo los principales, se han liberado de cualquier consideración jurídica. Esta regresión en relación a un orden internacional basado en el derecho nos remonta al siglo XIX, el del equilibrio de poder entre imperios.


Lo más grave, en el caso de Donald Trump y sus acciones en el Mar Caribe, es que también se libera de la ley estadounidense. Los esfuerzos de los demócratas por plantear al Congreso la cuestión de la legalidad de las acciones en curso fueron contrarrestados por los republicanos, que renunciaron así a ejercer sus prerrogativas como parlamentarios. La ONU habla de“ejecuciones extrajudiciales” por las víctimas de los barcos hundidos en las últimas semanas, y el Reino Unido ha suspendido el intercambio de inteligencia con Washington por dudas sobre la legalidad de estos actos; pero a Trump no le importa. Peor aún, hace lo que hizo Colin Powell con la invasión de Irak en 2003: disfraza sus acciones como “lucha contra el terrorismo”, e incluso habla, en documentos oficiales, de“armas químicas” sobre las drogas. Esto nos recuerda algo…


La arriesgada elección de María Corina Machado


La principal objeción, sin embargo, no es legal ni moral: es política. Si hay una lección que aprender del último medio siglo es que la democracia no puede imponerse mediante una intervención militar extranjera. Es probable que Trump, para evitar “guerras interminables” como Afganistán o Irak, no envíe una fuerza expedicionaria a Venezuela. Pero ya ha autorizado a la CIA a llevar a cabo acciones allí y espera que su presión, incluidos posibles ataques contra objetivos estratégicos, impulse a parte del ejército y de la población a alzarse.



Es un cálculo alentado por la oposición venezolana, que ve en Trump una oportunidad única de derrocar a Maduro. Su líder, María Corina Machado, Premio Nobel de la Paz 2025, parece haber tomado esta decisión de alto riesgo. Entre un régimen decidido a mantenerse por todos los medios, una oposición desesperada dispuesta a jugar la carta de la intervención extranjera y un presidente estadounidense ebrio de su poder desenfrenado, el ciclón que se está formando en la región del Caribe no augura nada bueno.

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