“Nos hemos convertido en alcohólicos de la moda”


Esta semana, el Black Friday saca a Shein y BHV de las noticias. Mañana llegarán las promociones navideñas, luego las rebajas de invierno… Una carrera precipitada y acumulativa en la que ya no nos tomamos el tiempo para plantearnos una pregunta esencial: ¿la moda responde al placer de tener… o al placer de ser?



Thomas Huriez, fundador de 1083 jeans.


Porque nos hemos convertido en alcohólicos de la moda. Esta frase puede resultar chocante, pero dice algo cierto: nos comportamos como si varias botellas de piqueta pudieran proporcionar más placer que una buena copa de vino. Como si la acumulación de ropa desechable tuviera más valor que la ropa bien hecha, duradera y cuidadosamente elegida. Este placer del “buen gusto”, de la selección, de la calidad, que todo el mundo puede sentir cuando cultiva una pasión, lo hemos perdido colectivamente en la moda.


Durante miles de años, hemos utilizado ropa, joyas y joyas para decir algo sobre nosotros mismos. Para expresar nuestra singularidad. Ser”. Este placer profundo y duradero de ser todavía existe. Pero es constantemente suplantado por un placer mucho más inmediato, efímero, pero terriblemente poderoso: el de tener. Compre con frecuencia, compre rápido, compre barato. Y empezar una y otra vez. Cada vez más rápido.



El consumo excesivo de precios bajos proporciona una satisfacción instantánea… pero cuesta cada vez más a los propios consumidores. La facturación de las plataformas de moda rápida se está disparando: miles de millones de euros salen de nuestro país cada año. Al llenar nuestros armarios (y con demasiada frecuencia nuestros cubos de basura), vaciamos nuestros bolsillos y debilitamos nuestra economía.


Sin embargo, ante esta observación, seguimos pidiendo “responsabilidad individual”. Un reflejo cómodo… pero ineficaz. Porque los problemas sistémicos nunca se resolverán con medidas cautelares individuales. Corresponde a Francia y a Europa asumir sus responsabilidades y regular estos modelos económicos que capturan nuestro poder adquisitivo en detrimento de nuestros intereses colectivos.


¿Realmente necesitamos acumular escándalos (uigur, Castaner, BHV, muñecos de pornografía infantil, venta de armas) para que podamos reaccionar? La inercia de nuestros poderes públicos revela hasta qué punto nos hemos vuelto lentos, perezosos, desorientados, en un mundo que no espera.


En este contexto, nuestro papel como empresarios comprometidos con la fabricación francesa es doble:


Unir fuerzas dentro de nuestros sectores para ayudar a los funcionarios electos que quieran actuar, impulsar regulaciones coherentes y construir soluciones industriales sostenibles.



Competir, a nuestra escala, con prácticas que consideramos dañinas, no dando lecciones, sino inspirando deseo. Ofreciendo mejor: calidad, estilo, significado. Mostrando que la moda puede ser un placer exigente, apasionante y duradero.


A veces nos preguntan si no estamos desmotivados por la magnitud de la tarea. La respuesta es sencilla: no. Porque diseñar ropa, recrear una industria vaquera francesa, reencantar la industria, desarrollar nuestro propio denim tejido en Francia, abrir talleres, crecer con nuestra comunidad, trabajar cada día con un equipo apasionado… todo esto llena nuestras vidas, da sentido a nuestros días, alimenta nuestra energía. Nutre nuestro ser. Por eso estamos más motivados que nunca. Y mientras haya consumidores que quieran “ser” en lugar de “tener”, continuaremos.

Este artículo es una columna, escrita por un autor ajeno al periódico y cuyo punto de vista no compromete a la redacción.

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