Este 25 de septiembre, en un salón del muy chic Harvard Club de Nueva York, Anne Hidalgo está de campaña. Traje negro, gafas en la nariz, los ojos pegados a sus expedientes y en un inglés a veces vacilante, la alcaldesa de París, que acudió a la Asamblea General de las Naciones Unidas, elogia su acción sobre el clima, su ” HABILIDADES “ y su “redes”que quiere poner al servicio de su nueva ambición: tomar el mando del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). ¿Por qué ella y no sus competidores, tres de los cuales estaban presentes esa noche? Porque para este trabajo, afirma, se necesita un perfil político, con un liderazgo fuerte, capaz de liderar este organismo de la ONU dedicado al derecho de asilo y necesitado de financiación. Y como en París, añade el que perseguía los coches de las vías en las orillas, también aprendió a tener la piel dura. “En cuanto al discurso negativo y hostil, sé de lo que hablodice con una sonrisa en su rostro. Puedo decir que este es mi día a día como ambientalista, humanista, alcaldesa progresista, mujer y migrante. »
Mientras la campaña por su sucesión ya está lanzada en la capital, entre un heredero socialista al que ella no eligió, Emmanuel Grégoire, y la ministra Rachida Dati, a quien odia, la alcaldesa de París tiene la cabeza y las piernas en otra parte. Después de dos victorias en 2014 y 2020 y una dura…