Hay que acabar con este teatro de improvisación.


Para lograr un compromiso, el gobierno debe asumir compromisos sólidos y no volver a construir el presupuesto sobre arena… Si el Parlamento efectivamente vota sobre los impuestos, el ejecutivo tiene control total sobre la ejecución del Presupuesto, más allá de cualquier control democrático. Él es el único que decide sobre las congelaciones, congelaciones y cancelaciones de créditos durante el año, modificando sustancialmente el espíritu de los presupuestos promulgados. Por tanto, es esencial revisar nuestras operaciones democráticas.


Desde 2022, no se ha respetado ningún presupuesto aprobado. La brutal disolución de 2024 incluso acentuó el problema de dirección: como novedad en el proyecto de ley de Finanzas de 2026, los arbitrajes no están completamente en el gobierno ni han llegado aún al Parlamento. ¡El poder presupuestario está diluido! En pleno teatro de improvisación: el ejecutivo valida sus propias orientaciones, sobre el texto que él mismo presentó, al mismo tiempo que se desarrolla el debate parlamentario. El procedimiento está roto.


En este momento de desmoronamiento del panorama político partidista, la pasión de los debates presupuestarios no debe hacernos olvidar que llevamos 15 años en una situación geopolítica sin precedentes: las crisis ya no se suceden, ahora se acumulan, haciendo más compleja la gestión. El Estado necesita más flexibilidad y, por lo tanto, debe implementar más transparencia. Nuestro procedimiento presupuestario debe renovarse, con eficiencia y sinceridad como palabras clave, para crear las condiciones para una confianza regenerada.


Recordemos que el año 2024 pasará a la historia: previsto en un 4,4% del PIB, el déficit público finalmente alcanzó el 5,8%. Al negarse a iniciar un proyecto de ley de finanzas correctivo en invierno, el gobierno macronista prefirió la deriva incontrolada de las finanzas públicas al cuestionamiento de su política económica. Símbolo de estos reveses: la congelación apresurada de casi 10 mil millones de euros apenas unas semanas después de la votación de la ley de Finanzas, sin que el Parlamento tuviera medios para intervenir.



El año 2025, en otro registro, nos lleva a la misma observación: no hay reforma estructural, sino técnica plana, que conduce primero a la cancelación de créditos de inversión para empresas, comunidades, en nuestras infraestructuras y viviendas. Una democracia moderna debe aclarar roles, tiempos y por ende responsabilidades, donde predomina la vaguedad. Para ello he presentado un proyecto de ley como continuación del trabajo realizado por el Consejo de Análisis Económico, el Tribunal de Cuentas, el Consejo de Impuestos Obligatorios, etc.


Se vuelve imperativo renovar a fondo el proceso presupuestario. Tres requisitos son esenciales: transparencia de la información, fortalecimiento del Consejo Superior de Finanzas Públicas (HCFP) y reequilibrio de poderes en beneficio del Parlamento. Finalmente, el principio “cumplir o explicar” debe ser el principio rector: el ejecutivo debe ajustar sus previsiones para cumplir con las opiniones del HCFP o justificar públicamente cualquier desviación. Este marco de sinceridad devolvería sentido al debate presupuestario al poner tiempo y experiencia al servicio del Parlamento.



En fase de previsión: el proyecto de ley de finanzas se transmitirá al HCFP antes de la primera semana de septiembre. Tendría tres semanas para emitir un dictamen completo, entrando en el análisis de los créditos asignados a las misiones ministeriales. Los parlamentarios tendrían entonces tiempo para apropiárselo y el gobierno tendría una semana para ajustar su copia antes de presentarla a la Asamblea. Entre esta presentación y el examen en comisión, los ministros vendrían a explicar sus elecciones y a justificar cualquier desviación de las opiniones del HCFP.


Además, una remisión abierta a los parlamentarios y un nuevo dictamen, emitido automáticamente antes de mediados de mayo sobre la base de los datos de Bercy, permitirían evaluar mejor la ejecución actual. Estos dictámenes, motivados y detallados, incluirían una nomenclatura que dictaminaría su ejecución: dictamen conforme, reservado o no conforme. También se presentarían ante los comités de Finanzas, donde el gobierno tendría que justificarse. En caso de desviación, el legislador podría corregir la situación a través de un nuevo vehículo: las leyes de finanzas equilibradas, más flexibles ya que están destinadas a restablecer únicamente el equilibrio presupuestario, donde los proyectos de ley correctivos reabren todas las posibilidades.


En última instancia, no se trata sólo de una cuestión de buen control de nuestras finanzas públicas. Como estamos hablando de impuestos y su uso, lo que está en duda es la cohesión política del país.


EXPRESO ORGÁNICO


Gregorio Blanco Senador de Maine-et-Loire desde 2023, miembro del grupo Ecologista – Solidaridad y Territorios (Gest) y del Comité de Finanzas. En septiembre se unió a Place publique, el partido cofundador de Raphaël Glucksmann.

Este artículo es una columna, escrita por un autor ajeno al periódico y cuyo punto de vista no compromete a la redacción.

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