“El voto verde no garantiza la victoria de una de las partes. Garantiza que nadie pueda ignorar la cuestión”


¿Cuál es el punto de votar? A medida que se acercan las elecciones municipales, muchos ciudadanos se preguntan. El contexto nacional pesa mucho: déficits públicos, deuda a largo plazo, presupuestos comprimidos. Estas limitaciones alimentan la duda, especialmente cuando queremos defender cuestiones ambientales concretas: desarrollar una movilidad suave, mejorar la calidad del aire, fortalecer la resiliencia energética o fomentar las inversiones verdes a nivel local. Entonces, ¿cómo podemos priorizar la cuestión ecológica en una campaña municipal como la de marzo de 2026? Algunos partidos hacen de la ecología un eje importante, mientras que otros la relegan detrás de otras prioridades. Esta heterogeneidad a veces alimenta la idea de que votar verde corre el riesgo de tener una influencia débil en el resultado de las elecciones o alterar ciertos equilibrios políticos locales.



Las decisiones presupuestarias son necesarias en todas partes. Algunos municipios están posponiendo o cancelando proyectos ecológicos para responder a emergencias relacionadas con el empleo, los servicios públicos o la deuda. Los folletos de campaña añaden confusión: todos prometen “hacerlo mejor”, varias cifras reordenan la realidad y algunas declaraciones equivalen a desinformación. Los datos locales sobre igualdad de género, medio ambiente o empleo circulan poco, sin un marco común. Incluso cuando existe información, carece de estandarización, etiquetado o control sólido. Los tribunales de cuentas regionales y la verificación de datos de los medios brindan información útil, pero estas herramientas no son suficientes para establecer claramente las opciones reales de los municipios.


En este panorama fragmentado, los fondos europeos ocupan un lugar único. Desde hace más de veinticinco años, la Unión Europea publica datos estructurados sobre los proyectos públicos que financia o cofinancia: descripción, objetivos, ubicación, cantidades solicitadas y cantidades concedidas. Menos de mil municipios franceses entre treinta y seis mil lo utilizan, y esta financiación sólo cubre una fracción de sus inversiones locales. A pesar de este alcance limitado, esta base constituye hoy la fuente más legible y comparable para comprender la composición real de las inversiones públicas y para medir la proporción dedicada a proyectos verdes en las estrategias locales.


Cada voz cuenta porque puede influir en decisiones futuras


Los datos europeos sirven ahora como base para varios proyectos de investigación, incluido un artículo reciente coescrito con Jules Ducept (Centro de Economía de Paris-Saclay y Observatorio Fiscal de la UE) y Antoine Ebeling (Universidad de Estrasburgo). Combinamos esta información con numerosas fuentes locales para comprender qué factores empujan a un municipio a solicitar subvenciones europeas y, en particular, subvenciones dedicadas a proyectos ecológicos. Se podría esperar que estas demandas reflejaran principalmente las vulnerabilidades ambientales o el color político de los ejecutivos locales. Sin embargo, estos elementos no explican, por sí solos, ni el uso de los fondos europeos ni el importe obtenido para proyectos vinculados al medio ambiente.


Lo que se desprende claramente del análisis se debe a un mecanismo político simple: la intensidad de la competencia electoral en la votación que precede a las solicitudes de subsidios europeos. La probabilidad de solicitar subvenciones de la UE para proyectos medioambientales aumenta considerablemente cuando el alcalde ganó las elecciones anteriores por un estrecho margen. Una victoria del 51% frente al 49%, por ejemplo, crea un incentivo directo para que el nuevo alcalde ponga en marcha estos proyectos ecológicos, sobre todo porque los fondos europeos pueden cubrir hasta el 50% del coste de un proyecto. El efecto se refuerza cuando el alcalde saliente, de centro o de derecha, casi pierde frente a un candidato afiliado al PS o a Europe Ecologie-les Verts. Estos efectos existen tanto en la segunda vuelta como en la primera: incluso cuando un alcalde termina ganando en la segunda vuelta, la configuración de la primera vuelta también nos recuerda la fragilidad del apoyo que tiene. Por lo tanto, la votación nunca otorga un cheque en blanco: estructura, de manera muy concreta, las opciones de inversión de los funcionarios electos.



Todo el mundo quiere vivir en una ciudad limpia, respirable y resiliente frente al cambio climático, aunque las preferencias obviamente difieren sobre el lugar que ocupan los coches, las bicicletas o la movilidad suave. Pero priorizar lo verde sobre otras cuestiones sigue siendo una opción política, y el análisis de las solicitudes de subvenciones europeas lo muestra claramente: los votantes influyen en estas decisiones, incluso cuando votan por una lista que tiene pocas posibilidades de ganar. En una elección municipal donde el resultado parece predeterminado, un resultado ajustado o un voto significativo de la oposición puede ser suficiente para redirigir las inversiones locales. Si damos especial importancia al clima, no hay razón para abstenernos. Cada voto cuenta, no sólo por el principio democrático, sino también porque influye concretamente en las decisiones del futuro alcalde. El voto verde no garantiza la victoria de un lado. Garantiza que nadie pueda ignorar el problema.


◗ ◗ Cada mes, los investigadores de la Escuela Normal Superior de París-Saclay dan un paso atrás respecto de la actualidad para alejarse de debates estériles y comentarios radicales.

Este artículo tiene carta blanca, escrito por un autor ajeno a la revista y cuyo punto de vista no compromete a la redacción.

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