El auge de la inteligencia artificial en los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita es parte de un momento particular en la historia contemporánea de Medio Oriente. Como ayer el petróleo, cuya explotación redefinió el equilibrio de las potencias regionales e internacionales, la IA se está convirtiendo hoy en uno de los principales instrumentos de afirmación estatal. En un mundo atravesado por la rivalidad tecnológica entre Estados Unidos, China y Europa, las monarquías del Golfo buscan evitar la dependencia que resultaría del dominio exclusivamente extranjero de estas técnicas. Por tanto, intentan establecer en su suelo las bases de una soberanía digital que permita controlar datos, modelos y usos.
La lógica subyacente a estas estrategias de poder es triple. A nivel geopolítico, se trata de reducir la exposición a grandes bloques tecnológicos. En el frente económico, los líderes del Golfo ven la IA como la clave para entrar en los sectores que definen el siglo XXI: defensa, ciberseguridad, energía, salud y clima. Finalmente, la dimensión verdaderamente soberana aparece en el deseo de localizar datos estratégicos e impedir que atraviesen infraestructuras externas. Por ello, los Emiratos Árabes Unidos (EAU), al igual que Arabia Saudita, han desarrollado centros de datos nacionales, nubes soberanas y modelos regionales de IA como Jais, Falcon o ALLaM. También se están asociando con Huawei, Nvidia o Cerebras, pero cuidando de mantener el control político.
En el caso de los Emiratos Árabes Unidos, esta orientación se viene afirmando desde hace varios años. Los Emiratos Árabes Unidos fueron de los primeros en crear un Ministerio de Inteligencia Artificial, en 2017, y luego en definir una estrategia nacional estructurada. Esto combina la modernización administrativa, la automatización de los servicios públicos, el establecimiento de instituciones de investigación como MBZUAI, TII o ATRC y la construcción de su propia capacidad en informática y ciberseguridad. El enfoque no es una simple locura tecnológica; corresponde a una visión de largo plazo donde el Estado trabaja para reestructurar la administración y transformar la economía. Faisal Al Bannai, responsable de tecnologías avanzadas en Abu Dabi, resumió esta ambición explicando que su país veía la IA no como una herramienta entre otras, sino como un vector para la transformación global del Estado.
El deseo de competir con Estados Unidos, China o Singapur
Este esfuerzo se basa en importantes recursos. Para el período 2025-2027, Abu Dhabi prevé alrededor de 13.000 millones de dirhams (o 3.500 millones de dólares) para instalar un gobierno calificado como “nativo de la IA”. Si se confirman las proyecciones actuales, el mercado de la IA podría alcanzar los 46.300 millones de dólares en los Emiratos en 2030. Las infraestructuras informáticas, la proliferación de incubadoras como Hub71 o ADGM, las asociaciones internacionales y el desarrollo de modelos locales demuestran el deseo de competir con Estados Unidos, China o Singapur. La IA se convierte así en un medio para que los Emiratos afirmen su influencia regional, atraigan capital y empresas de DeepTech y participen en debates internacionales sobre estándares tecnológicos.
Arabia Saudita está siguiendo una trayectoria paralela, aunque estructurada en torno a la Visión 2030. La estrategia nacional para datos e inteligencia artificial, lanzada en 2020, apunta explícitamente a convertir al reino en un actor global en IA. El objetivo es tanto económico como político: escapar de la dependencia del petróleo modernizando masivamente sectores clave: educación, salud, energía, movilidad, administración. Un vasto programa de capacitación de la población acompaña este esfuerzo: un millón de ciudadanos recibirán capacitación en habilidades básicas de inteligencia artificial y gestión de datos, y ya, a principios de 2025, alrededor de 424.000 sauditas estaban inscritos en el programa SAMAI. La ambición es aumentar las habilidades nacionales que van desde la simple alfabetización digital hasta la formación de especialistas técnicos.
Las proyecciones económicas alimentan esta dinámica, ya que la IA podría representar hasta el 12,4% del PIB saudita para 2030. Para lograrlo, el país está invirtiendo masivamente en infraestructura y apunta a una capacidad de centro de datos de alrededor de 1,5 gigavatios para este horizonte. El reino también se fija objetivos específicos: 20 mil millones de dólares en inversiones en inteligencia artificial y datos, la creación de unas 300 startups en este ámbito y el establecimiento de una regulación adaptada a las cuestiones éticas y de seguridad.
Es en este contexto que aparece HUMAIN, lanzado en 2025 por el Fondo de Inversión Pública. El proyecto pretende construir una cadena completa de inteligencia artificial, que abarque desde infraestructuras informáticas hasta servicios sectoriales, pasando por modelos lingüísticos avanzados, incluido el idioma árabe. HUMAIN quiere construir “fábricas de IA”, estos inmensos centros de datos capaces de albergar miles de GPU y producir modelos soberanos. También se ha hecho público un primer servicio, un agente conversacional en árabe. La iniciativa ilustra cómo Riad busca combinar poder económico, asertividad política y soberanía digital.
Aun así, esta carrera tecnológica no está exenta de ambigüedades. La IA puede fortalecer a los Estados pero también crear asimetrías sociales, nuevas formas de vigilancia o discriminación algorítmica. La búsqueda de legitimidad internacional empuja a estos países a dotarse de marcos éticos compatibles con los estándares globales. Su estabilidad interna también presupone la aceptación social de estas tecnologías, particularmente en la salud, la educación o la justicia. Por último, las monarquías saben que los usos incontrolados podrían alimentar tensiones políticas. La construcción de una IA responsable se convierte así en una de las condiciones para la solidez de sus ambiciones.
En el Golfo, la transición del petróleo a los datos no es sólo económica. Marca la entrada a una era en la que el dominio del cálculo, la información y las infraestructuras digitales redefine las relaciones de poder. Los Emiratos y Arabia Saudita están experimentando con una nueva forma de modernidad estatal, impulsada por la IA y la idea de que el control de la tecnología es uno de los fundamentos de la soberanía contemporánea. Pero esta carrera tecnológica sólo podrá alcanzar sus objetivos si se combina la ambición con la ética, el poder con la legitimidad y la soberanía con la gobernanza responsable.
EXPRESO ORGÁNICO
Yasmina Asrarguisactualmente investigadora asociada en la Universidad de Princeton, trabajó en la oficina política del secretario general de la ONU, António Guterres, en 2020-2021 y fue responsable de relaciones públicas en la Unesco en 2023. El próximo febrero publicará el “Mirage de la Paix” publicado por Passé Compound.
Este artículo es una columna, escrita por un autor ajeno al periódico y cuyo punto de vista no compromete a la redacción.