Es un aniversario que Bruno Retailleau tuvo cuidado de no celebrar: el pasado 10 de octubre se cumplió el segundo aniversario de la “Noche de la Ecología” organizada en el otoño de 2023 por el partido Les Républicains entonces dirigido por Eric Ciotti. Así pudimos ver al actual aliado de la Agrupación Nacional y al futuro presidente LR posando para la ecología, rodeado de su familia política reunida en la Puerta de Versalles para la ocasión. Cuando el primero se preocupó “ una observación científica muy clara y un gran desafío climático que hay que afrontar”, el segundo se centró en la protección del medio ambiente y el clima “un tema que nos debe resultar familiar”.
Dos años más tarde, impulsado por el cambio de actitud antiecológica de su nuevo presidente, el partido Les Républicains se abandonó a la estrategia de odio y agresión antiecológica tomada de la extrema derecha. Incluso si eso significa descuidar los peligros que la emergencia ecológica plantea para la soberanía, el control de la deuda y la salud, todas preocupaciones muy importantes para su propio electorado. A la derecha, la ecología no habrá aguantado la noche.
Porte de Versailles, se trataba de hacer oír una voz única en materia de medio ambiente y de distinguirse de un gobierno macronista que publicó su proyecto de planificación ecológica, así como de la extrema derecha que se oponía, en todas direcciones, a las políticas de protección del medio ambiente. Sucedió todo lo contrario: si algunas figuras como el diputado Antoine Vermorel-Marques, el eurodiputado Geoffroy Didier o el vicepresidente de la región de Isla de Francia, Yann Wehrling, parecían decididos a desempolvar y recuperar el legado de la cumbre medioambiental de Grenelle, el partido Les Républicains nunca despertó en materia de ecología.
Peor aún, hoy es toda la derecha francesa, desde los macronistas hasta LR, la que se ha dejado absorber por la empresa de odio y agresión desplegada por la extrema derecha contra cualquier iniciativa ecológica. Así, los partidos de derecha y de extrema derecha enterraron conjuntamente la política ecológica de Francia, votando unánimemente a favor de la supresión de las zonas de bajas emisiones destinadas a luchar contra la contaminación atmosférica, la propuesta de moratoria sobre la instalación de energías renovables en Francia – finalmente rechazada – destinada a permitir a Francia producir su propia energía y controlar sus costes, o incluso la reautorización, en la ley Duplomb, de un neonicotinoide prohibido desde 2018.
Inconsecuencia económica…
Esta estrategia ecologista ausente es una incoherencia económica que las instituciones de nuestro país no han dejado de preocupar en los últimos meses: mientras el Tribunal de Cuentas recuerda que las perturbaciones medioambientales han costado a la economía mundial 300 mil millones de euros sólo en 2024, el Banco de Francia estima que las catástrofes climáticas podrían, a partir de 2026, costar a Francia el 7% de su PIB.
Ignorar la crisis ecológica constituye una amenaza directa a nuestra economía, empezando por la competitividad y la soberanía estratégica de nuestro país: cuando Bruno Retailleau propone recortar las subvenciones a las turbinas eólicas y a los paneles solares, ignora una industria francesa cada vez más competitiva, cada vez menos costosa y que debería permitir a Francia reducir su factura energética en 40 mil millones de euros al año en lugar de seguir importando energía a precios elevados, dictados por los mercados extranjeros.
…y consecuencias presupuestarias
Si bien la derecha pretende presentarse como guardiana intransigente del rigor presupuestario, su negación ecológica también refleja una irresponsabilidad presupuestaria: el coste de la inacción supera con creces el de la transición y superará el 11% del PIB francés en 2050. Retrasar las políticas ecológicas sólo aumentará la carga que pesará sobre el presupuesto estatal mañana. Mientras tanto, los diputados de derecha todavía se niegan a reducir los 10 mil millones de euros de presupuesto que el Estado gasta cada año para subvencionar actividades que destruyen el medio ambiente.
Del giro antiecológico al revés electoral
Estos indicadores económicos que la derecha ha decidido ignorar están, sin embargo, en el centro de las preocupaciones de su electorado, tradicionalmente apegado al rigor presupuestario y al buen desempeño de la economía. Más aún cuando se acercan las elecciones municipales en las que la ecología será, según un reciente estudio de Ipex y Villes de France, un criterio determinante en la elección de los electores. A principios de 2025, los dos millones de firmantes de la petición contra la ley Duplomb recordaron a los líderes de derecha que el medio ambiente, y en particular los riesgos para la salud cada vez más documentados, eran una preocupación, también para su electorado.
A menos que se libere de la tutela de la extrema derecha bajo la cual colocó su programa ecológico hace dos años y en vísperas de un ciclo electoral que promete invitar a reflexionar sobre la estrategia electoral a seguir, la derecha corre el riesgo de encontrarse muy difícil de responder a las expectativas de los electores urbanos y rurales, preocupados por la gravedad económica de su partido, cada vez más expuesto a los desastres climáticos. Y quizás más lúcidos que sus dirigentes políticos sobre los peligros que entraña su negacionismo ecológico. Para la derecha, la ecología no se logrará de la noche a la mañana.
EXPRESO ORGÁNICO
Arnaud Gilles Es especialista en políticas medioambientales, ex portavoz de la WWF y marinero comprometido con la protección del medio ambiente.
Este artículo es una columna, escrita por un autor ajeno al periódico y cuyo punto de vista no compromete a la redacción.