En Francia, el debate público a menudo se desvía hacia posturas caricaturizadas, “demasiado estado”, “demasiados impuestos”, “demasiado gasto”. Estas posturas oscurecen un hecho esencial: los servicios públicos no son un lujo costoso, sino el fundamento invisible de la justicia social.
Contrariamente a la creencia popular, el gasto público y el empleo público no están disminuyendo. El gasto público representa el 57,2% del PIB en 2024, un nivel casi estable desde el 56,4% en 2017. El empleo público ha representado consistentemente el 20% de la población activa desde 1997. No es el gasto público lo que está aumentando, sino los ingresos públicos los que están disminuyendo. Ahora solo representan el 51,4% del PIB, frente a más del 53,8% en 2017. Es decir, el Estado no gasta más, recauda menos impuestos.
Esta contracción de los ingresos como consecuencia de exenciones, lagunas fiscales y sucesivos recortes de impuestos, debilita el poder público para afrontar los desafíos estructurales del país como el envejecimiento, el crecimiento demográfico y la transición ecológica.
Cada francés se beneficia de 8.800 euros al año en concepto de servicios públicos
A menudo se pasa por alto la función redistributiva de los servicios públicos. El debate político se centra en el número de funcionarios, las prestaciones sociales, los impuestos, olvidando que la mayor parte de la reducción de las desigualdades proviene de servicios públicos en especie como educación, salud, vivienda, transporte, justicia.
Cada año se redistribuyen 500 mil millones de euros a través de los servicios públicos, o el 25% de la renta nacional. De media, cada francés se beneficia de 8.800 euros al año en concepto de servicios públicos, de los cuales unos 4.000 euros se destinan a la salud y 2.300 euros a la educación. Estos importes son muy progresivos. Los hogares más modestos reciben una media de 12.600 euros, mientras que los más ricos se benefician de unos 6.000 euros.
Antes de la redistribución, el ingreso promedio del 10% más rico era 18 veces mayor que el del 10% más pobre. Después de impuestos, pagos de prestaciones y uso de servicios públicos, el ingreso promedio del 10% más rico es sólo 3 veces mayor que el del 10% más pobre. Dos tercios de esta reducción provienen de beneficios en especie de los servicios públicos. El 60% de los hogares franceses son beneficiarios netos de la redistribución ampliada, es decir, reciben más en servicios y prestaciones de lo que pagan en impuestos y contribuciones. Esta red invisible protege a millones de hogares contra las desigualdades en ingresos, territorio y acceso a bienes esenciales.
Los servicios públicos benefician a todos
Los servicios públicos benefician a todos, pero benefician más a los hogares de ingresos bajos y medios, no porque sean “gratuitos”, sino porque ofrecen igual acceso a bienes cuyo costo privado sería prohibitivo. Sin escuelas públicas, la transmisión de conocimientos dependería de los ingresos familiares; sin hospital público la salud se convertiría en un producto de mercado; sin transporte público, la movilidad de las clases trabajadoras y rurales colapsaría. Cerrar una escuela significa alargar los viajes, aumentar la carga para las familias y ampliar la división territorial. Recortar los gastos hospitalarios significa aumentar el coste humano y financiero de la enfermedad. Aplazar la renovación energética significa aumentar la factura climática y la pobreza energética.
Reducir el gasto público significa simplemente trasladar la carga a los hogares, las comunidades y las generaciones futuras.
Defender los servicios públicos no es defender un modelo administrativo, es defender un modelo social. Los servicios públicos no sólo redistribuyen recursos, sino que encarnan la igualdad práctica.
Mejorar la acogida, simplificar trámites, acercar los servicios al terreno, fortalecer la coordinación entre actores públicos y sociales. Éstas son las verdaderas palancas de eficiencia para modernizar la oferta. Estos beneficios no se obtienen mediante la austeridad, sino mediante la transformación: digital inclusivo, formación continua de los agentes, puesta en común inteligente de recursos y gobernanza local renovada. Los servicios públicos deben rediseñarse para redistribuirse mejor, no recortarse para reducir artificialmente el gasto.
Este artículo es una columna, escrita por un autor ajeno al periódico y cuyo punto de vista no compromete a la redacción.