Desde hace varios años, los debates en la Asamblea Nacional sobre el trabajo en plataformas han experimentado una especie de estancamiento. La reclamación de 1.700 millones de euros enviada por Urssaf a Uber por trabajos ocultos o el alarmante informe de Médicos del Mundo sobre la salud y la seguridad de los repartidores luchan por volver a situar esta cuestión en el centro de los debates parlamentarios. Este estancamiento se explica en particular por la polarización de las respuestas, a menudo acompañadas de discursos divisivos, así como por la débil articulación del trabajo de plataformas con otras cuestiones importantes de la transformación social, en particular las cuestiones de soberanía digital. Se debe también a que el término “uberización” se utilizó muy rápidamente para designar realidades muy diversas, hasta el punto de diluir progresivamente su significado.
Desde que Emmanuel Macron llegó al poder en 2017, parece que se ha dado una dirección relativamente clara a los sucesivos gobiernos sobre la cuestión de los trabajadores de plataformas. Consiste en favorecer el diálogo social para regular los términos de representación de los trabajadores de las plataformas y de las propias plataformas, sin abrir una negociación sobre el estatuto jurídico de los trabajadores. Esta lógica se reflejó especialmente en la creación de la Autoridad de Relaciones Sociales para las Plataformas de Empleo (ARPE). Se esgrimen varios argumentos para justificar esta posición: el supuesto apego de los trabajadores jóvenes a la autonomía, el rechazo de un modelo salarial considerado demasiado rígido o incluso la promoción de la flexibilidad. En términos más generales, los gobiernos están destacando la capacidad de las plataformas para crear empleos y absorber parte del desempleo. Esta orientación forma parte de una continuidad política ya perceptible cuando Emmanuel Macron era ministro de Economía. (2014-2016)período durante el cual defendió abiertamente el desarrollo de plataformas digitales como solución para la integración profesional, incluso en formas de empleo precario.
Por el contrario, varios grupos de izquierda, en particular La France insoumise, apoyaron otra línea política, basada en la remuneración de los trabajadores de las plataformas. Esta orientación a favor de una mejor protección de los trabajadores se vio reforzada por la adopción de la directiva europea sobre el trabajo en plataformas, que establece una presunción de empleo cuando se cumplen varios criterios de subordinación, sin imponer automáticamente la reclasificación de los trabajadores en cuestión como empleados. Esta corriente está desarrollando un discurso extremadamente crítico con respecto a las plataformas digitales, acusando a los gobiernos de no hacer lo suficiente para proteger a los trabajadores, o incluso de no mantener la proximidad con las plataformas. Utiliza habitualmente comparaciones con las formas de trabajo precario del siglo XIX.mi siglo. La publicación de los “Expedientes Uber” en 2022, así como la creación de una comisión parlamentaria de investigación, presidida por un miembro de la mayoría presidencial y cuyo informe fue confiado a un miembro de La France insoumise, contribuyeron a intensificar los debates.
Sin embargo, estos debates parecen experimentar una forma de estancamiento durante el siglo XVII.mi legislatura, tras la disolución de la Asamblea Nacional decidida por Emmanuel Macron el 9 de junio de 2024. Esta relativa suspensión de las discusiones puede analizarse en varios niveles.
Por un lado, otras cuestiones políticas han tomado el relevo en un contexto de crisis institucional, mientras que el constante lobby de las grandes empresas tecnológicas sigue pesando mucho en la agenda europea y nacional, como muestra el Corporate Europe Observatory, que estima que el gasto del lobby tecnológico en la Unión Europea ha alcanzado los 151 millones de euros al año, un aumento del 33,6% desde 2023. Por otro lado, los debates parlamentarios todavía luchan por articular plenamente el trabajo de las plataformas con cuestiones estructurales más amplias como la soberanía digital, los sistemas de protección social o las transformaciones contemporáneas. de trabajo. Ciertamente, se observa una creciente tecnicización de las discusiones, pero las cuestiones del trabajo en plataformas a menudo siguen siendo tratadas de manera sectorial y fragmentada. Esta fragmentación también se encuentra en el espacio público y académico, donde los análisis dedicados a las plataformas digitales tienden a favorecer ciertos aspectos específicos del fenómeno. Finalmente, el uso extensivo del término “uberización” ha llevado a una forma de dilución semántica ya que ahora se utiliza en contextos muy variados, que van desde la precarización del trabajo hasta las crisis democráticas, o incluso fenómenos sociales sin un vínculo directo con las plataformas.
Estos debates podrían vincularse a cuestiones de soberanía digital a través de un enfoque más abierto, colaborativo y plural. De hecho, las cuestiones vinculadas a las plataformas de trabajo digitales están estrechamente entrelazadas con las de la soberanía digital. Una empresa como Uber tiene hoy un poder considerable en la medida en que su modelo se basa en la recopilación masiva de datos relacionados con los hábitos de consumo y de viaje de los usuarios, las prácticas laborales de los conductores y repartidores, la geolocalización en tiempo real e incluso un mapeo fino de territorios e infraestructuras urbanas. Estos datos constituyen una gran ventaja estratégica en sectores clave del mañana como los vehículos autónomos, la inteligencia artificial aplicada a la movilidad, la logística urbana o incluso el transporte público inteligente, pero también pueden tener implicaciones en áreas directamente relacionadas con la soberanía nacional, en particular la defensa y la seguridad interior.
Aunque ahora asistimos a un aumento del interés por estas cuestiones de soberanía digital, los intercambios entre los diferentes actores siguen siendo insuficientes. Su acercamiento podría beneficiarse de enfoques que ya no se centren únicamente en el Estado, lo que explica el uso del plural en la noción de “soberanías digitales”. Algunas cooperativas o pequeñas estructuras están desarrollando modelos alternativos en sectores afectados por la uberización, pero a menudo se topan con marcos regulatorios diseñados principalmente para grandes empresas tecnológicas. La adaptación de estas medidas fomentaría el surgimiento de iniciativas más diversificadas y más locales. Por lo tanto, sería beneficioso ampliar la noción de soberanía digital para integrar otras formas de organización y autonomía, en particular aquellas llevadas a cabo por pequeños colectivos, comunidades locales o incluso pueblos indígenas.
EXPRESO ORGÁNICO
Salma El Bourkadi Es profesor de ciencias de la información y de la comunicación en la Universidad de Lille, especialista en cuestiones relacionadas con la uberización, las cuestiones políticas y geopolíticas de las plataformas, la salud laboral de los trabajadores de las plataformas y el cooperativismo de plataformas.
Este artículo es una columna, escrita por un autor ajeno al periódico y cuyo punto de vista no compromete a la redacción.