¿Un “joven contrato indefinido”? Más bien, ofrezcamos a los jóvenes una base de dignidad y un horizonte deseable.


¿“2006 es el nuevo 2026”? Si las redes sociales ven florecer las tendencias que marcaron el año 2016, parece que el jefe de Medef (por el Movimiento Empresarial Francés, ndr) se dejó llevar por una nostalgia aún más profunda. De hecho, fue en 2006 cuando Patrick Martin probablemente se inspiró. Basta decir que si ya encontraste los jeans ajustados desactualizados, no estás listo para lo que estás a punto de leer.


Como una mala comida navideña, debemos creer que la patronal no ha digerido su derrota de 2006. Casi 20 años después del amargo fracaso del Contrato de Primera Contratación (CPE), barrido por una movilización histórica de los jóvenes, Medef regresa con una supuesta idea “innovador” : un contrato indefinido especialmente diseñado para jóvenes, que puede rescindirse sin causa durante los primeros años y recibir un salario inferior al salario mínimo. Cualquier parecido con la CPE sería, evidentemente, una coincidencia.


Medef promete que este dispositivo “eliminará el miedo a contratar” para los jóvenes con escasa o ninguna cualificación y permitirá luchar mejor contra el desempleo juvenil. Éste es un discurso bien ensayado que la patronal nos está dando en todos los sentidos. Se trataría de “volver a trabajar a los jóvenes”como si fueran una especie perezosa y ociosa.



Lejos de ser una receta innovadora, esta propuesta indigerible es más bien un refrito: tranquilizar a los empresarios, ofrecerles un derecho casi absoluto a despedir y pedir a los jóvenes que sonrían mientras aprenden a vivir en inestabilidad, contratos precarios y trayectorias agitadas.


Esta precariedad es una elección política.


Detrás de esta retórica paternalista se esconde una estrategia bien conocida e identificada. El del endurecimiento del seguro de desempleo, la precariedad de los estudiantes de secundaria profesionales, la generalización de cursos de formación cortos y calibrados para las necesidades inmediatas de las empresas. Éste es el objetivo del Medef para permitir que las grandes empresas sigan enriqueciéndose sin dificultad: convertir a los jóvenes en empleados desechables y mal pagados.


Cualquiera que tenga un poco de seriedad sólo puede rechazar esta propuesta anticuada y desagradable. La juventud no es una reserva intercambiable de mano de obra. Lo reafirmamos: si tantos jóvenes luchan por integrarse, no es por falta de ganas ni por exceso de protección, sino porque evolucionan en un sistema que organiza su precariedad, la subcontratación y la búsqueda de beneficios a corto plazo. Si bien el 40% de los estudiantes también tiene un trabajo junto con sus estudios, denunciar la pereza de los jóvenes es más que absurdo: es un profundo desprecio.


Si bien el gobierno parece rechazar a estas alturas la propuesta de Medef, conviene recordarlo: la precariedad de los jóvenes no es inevitable, es una elección política, tomada metódicamente durante casi una década por la macroniebla y sus aliados. Es hora de romper con estas políticas neoliberales que están destruyendo el futuro de los jóvenes en nuestro país.



El empleo debe ser un espacio de emancipación, no una máquina de precariedad. Para ello, el trabajo debe pagar mejor, pero también ocupar menos espacio en nuestras vidas. La revalorización de las primeras experiencias profesionales, el estricto control de los contratos subvencionados, el reconocimiento de todas las competencias, la revalorización del salario mínimo a 1.600 euros netos o incluso el pago de un subsidio de autonomía juvenil deben constituir una base de dignidad para los jóvenes. La reducción de la jornada laboral, el derecho al descanso para todos y la creación de una sexta semana de permiso retribuido, un horizonte deseable hacia el que apuntar.


Sin ofender a Patrick Martin y a toda la gente pasada de moda de este siglo, los jóvenes no necesitan un CPE bis ni contratos desechables, sino la garantía de que todo trabajo merece un salario y, más aún, que el trabajo no es el alfa y la omega de una vida.


Firmantes:


  • Thaïs Danelco-coordinador nacional de Generación Joven. s

  • Auriane Dupuyco-coordinador nacional de Generación Joven. s

  • Benjamín Lucasdiputado de Génération•s por Yvelines, co-coordinador nacional de Génération•s

  • Hella Kribi-Romdhaneco-coordinador nacional de Génération•s, asesor regional para Isla de Francia

  • Sébastien Peytaviediputado de Génération• por Dordoña

  • Tristán Lahaisdiputado de Génération por Ille y Vilaine

  • Emmanuel Duplessydiputado de Génération• por Loiret

  • Sophie Taillé-Poliandiputado de Génération• por Val-de-Marne

  • Karim Ben Cheikhdiputado de la Generación de franceses en el extranjero

Este artículo es una columna, escrita por un autor ajeno al periódico y cuyo punto de vista no compromete a la redacción.

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