Proponer, votar y actuar por una moda más sostenible


Echa un vistazo a tu vestuario. Detrás de cada prenda de vestir, de cada etiqueta, se esconde un dilema: ¿podemos seguir amando la moda sin sentirnos culpables? La pregunta merece una reflexión y, para responderla concretamente, un colectivo de una magnitud sin precedentes ha decidido pasar el micrófono a los ciudadanos. A partir de este jueves 19 de febrero, la asociación Paris Good Fashion, que pretende acelerar el cambio en el sector de la moda en Francia a través de prácticas responsables, y la “civic tech” Make.org lanzan una gran consulta ciudadana internacional sobre una cuestión crucial: ¿cómo hacer que la gente quiera vestirse de forma ética y sostenible?


Durante ocho semanas, se invita a franceses, italianos, británicos y estadounidenses a presentar sus ideas en una plataforma específica. El objetivo: acelerar la transformación de un sector que pesa mucho en la escala medioambiental.


Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, la industria textil es responsable de aproximadamente entre el 8% y el 10% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. Consumiría casi 93 mil millones de metros cúbicos de agua al año y generaría 92 millones de toneladas de desechos. La adición faraónica no termina ahí. En el Viejo Continente, cada ciudadano tira una media de 11 kilos de textiles al año, según la Agencia Europea de Medio Ambiente.


Sin embargo, los consumidores nunca han sido tan sensibles al impacto de sus compras. Según un estudio de McKinsey, casi el 67% de ellos considera actualmente el uso de materiales sostenibles como un criterio de compra importante. Pero la paradoja persiste: si la intención avanza, el acto de compra responsable sigue siendo minoritario. El precio, el estilo y la conveniencia siguen prevaleciendo, en un contexto económico que sigue en tensión.



Es esta brecha la que precisamente quiere explorar la consulta de 2026, con la ambición de hacer que la moda responsable sea deseable, creativa y accesible. Sobre todo porque el contexto ha cambiado. El aumento de los bienes de segunda mano (que está creciendo tres veces más rápido que el mercado general de la ropa, según ThredUp), la presión regulatoria en Europa y el aumento de las expectativas de los consumidores están reorganizando las cartas. Hace seis años, una primera iniciativa liderada por Paris Good Fashion ya había movilizado a 107.000 participantes y generado 3.319 propuestas sobre el desarrollo de productos de segunda mano, la experimentación con envases reutilizables, el reciclaje de perchas y bolsas de plástico y la recuperación de materiales naturales.


Esta vez, la ambición aún más amplia movilizó alrededor de la mesa a un dream team del sector: LVMH (a través de Le Bon Marché), Lacoste, Etam, Kiabi, el grupo SMCP (Sandro, Maje, Claudie Pierlot, Fursac), pero también las Galerías Lafayette y la agencia de comunicación Karla Otto. Una lista de actores conscientes de que la transición nunca se producirá sin clientes porque el desafío no es sólo medioambiental sino cultural. ¿Cómo se puede hacer que la sostenibilidad sea tan emocionante como una nueva tendencia? ¿Cómo podemos hacer que reciclar, reparar o alquilar sea una compra realmente deseable?


La moda siempre ha sabido crear deseo. Ahora debe aprender a orientarlo hacia el sentido común, de forma colectiva.


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