Qudus Onikeku podría haber elegido la salida más fácil. Este bailarín y coreógrafo nigeriano se mudó a Francia a los 20 años, fundó su propia compañía a los 25 y, en pocos años, recogió premios y reconocimientos, realizó giras por una veintena de países y presentó “Qaddish” en el Festival de Aviñón. Entonces, un día, lo abandonó todo. En 2014 regresó a Lagos, su ciudad natal. Lo eligió cuando allí no había nada: ni un escenario de teatro sobre el que bailar, ni iluminación para realzar sus coreografías, ni siquiera un técnico para hacerlas existir. Pero fue allí, en el corazón del caos de la ciudad, en esta tierra vibrante, donde se sintió más artístico. Donde se reconectó con sus raíces yoruba, un pueblo que piensa el tiempo en ciclos y reencarnaciones. Donde también decidió construir un escenario para su gente, desarrollar talentos y hacer soñar a los jóvenes.
Cuando ponemos un pie en Lagos, una ciudad en expansión que no sabemos qué camino tomar, nos dicen que en el panorama cultural es imprescindible Qudus Onikeku, uno de los artistas que está haciendo brillar a Nigeria más allá de sus fronteras. Una estrella en verdad. Sólo que el hombre de 41 años es humilde, casi tímido…