Publicado el 5 de noviembre de 2025 a las 21:49,
actualizado el 6 de noviembre de 2025 a las 10:16 a.m.
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Los jueces del Tribunal Supremo pusieron en duda, el miércoles 5 de noviembre, la legalidad de los derechos de aduana establecidos por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en un caso que podría hacer tambalear un pilar de su política económica y diplomática.
La audiencia, que duró casi tres horas, se celebró apenas un año después de las elecciones que permitieron al republicano regresar a la Casa Blanca, en noviembre de 2024, desde donde lanzó una ofensiva proteccionista sin precedentes, con derechos de aduana.
Estos impuestos sobre los productos importados generan miles de millones de dólares en ingresos y han permitido obtener de los socios de Estados Unidos promesas de inversión y condiciones más favorables para los exportadores estadounidenses. El gobierno no quiere que este edificio se derrumbe y está instando a los nueve jueces del Tribunal Supremo (seis conservadores y tres progresistas) a mantenerlos.
Derechos de aduana considerados ilegales
La decisión del Tribunal puede tardar varios meses en emitirse o, por el contrario, adoptarse con relativa rapidez. En nombre del ejecutivo, el asesor jurídico John Sauer expuso sus argumentos a toda velocidad. En particular, sostuvo que la cancelación de los derechos de aduana “Nos expondría a represalias comerciales despiadadas” de otros países.
Varios jueces expresaron escepticismo y señalaron que la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA) invocada por el gobierno no menciona el poder de imponer derechos aduaneros, sólo el de “regular las importaciones y exportaciones”. “La tributación cae bajo el poder legislativo (…)los derechos de aduana son impuestos »declaró la jueza progresista Sonia Sotomayor.
El texto de la IEEPA “Se utiliza para imponer derechos aduaneros independientemente del producto, país de origen, eligiendo el monto y la duración”deslizó el juez conservador John G. Roberts, señalando que esto parecía conferir “autoridad mayor” al presidente. Antes de que el caso llegara a la Corte Suprema, varias jurisdicciones federales declararon ilegales los aranceles aduaneros afectados, distintos de los que afectan a sectores específicos, como los automóviles y el acero. No obstante, los recargos seguían en vigor a la espera de una decisión del tribunal más alto del país.
Una “cuestión de vida o muerte” para Trump
Donald Trump ha estado describiendo los aranceles aduaneros durante meses: “una de las palabras más bellas del diccionario”según él, como una navaja suiza. Se enorgullece de poder reindustrializar el país, reducir su déficit comercial crónico, recaudar ingresos fiscales, negociar desde una posición de fuerza con otros países, pero también –imponiendo impuestos a México, Canadá y China– frenar la crisis del fentanilo, un poderoso opiáceo que mata a decenas de miles de estadounidenses por sobredosis cada año.
El presidente republicano invocó la ley de emergencia económica IEEPA de 1977 para decretar varias rondas de derechos aduaneros. Luego los hizo evolucionar a lo largo de negociaciones o disputas con otros países. Los pequeños empresarios y los estados demócratas llevaron el caso a los tribunales, creyendo que el presidente no podía invadir las prerrogativas del Congreso de imponer impuestos que afectan la vida de las empresas y los consumidores estadounidenses.
“Imponen aranceles a todo el mundo en tiempos de paz. Y lo hacen otorgándose a sí mismos un poder que ningún presidente ha tenido en toda nuestra historia”.lanzó el abogado corporativo Neal Katyal. Le sorprendió especialmente que los productos suizos estuvieran sujetos a un recargo del 39%. El juez Samuel Alito, designado por un presidente republicano, preguntó: “¿Por qué el Congreso (permitiría al presidente de los Estados Unidos) ¿Imponer una cuota, una prohibición pero no un derecho de aduana? »