Descifrado El ejército ucraniano recupera la iniciativa en el campo de batalla y hostiga a sus agresores en su territorio. Sordo a las voces que le imploran que frene los costes, el jefe del Kremlin sigue negándolo, a pesar de un número de víctimas cada vez mayor: medio millón de soldados rusos muertos.
“El terrorismo contra civiles no es una señal de fuerza sino de desesperación. » La fórmula la firma Ursula von der Leyen, la presidenta de la Comisión Europea. En la noche del 23 al 24 de mayo, la Rusia de Vladimir Putin volvió a lanzar fuego sobre Ucrania con 600 drones y 90 misiles, incluido, por tercera vez en el conflicto, su misil hipersónico con capacidad nuclear Orechnik. Este nuevo ataque a zonas civiles se produjo dos semanas después de las conmemoraciones del 9 de mayo en Moscú. Durante una ceremonia abreviada, en la que el ejército ruso había dejado de lado sus tanques y misiles por primera vez en veinte años por miedo a los drones ucranianos, el jefe del Kremlin anunció, no obstante, que la guerra contra Ucrania se encaminaba hacia “hacia su fin” y que estaba dispuesto a reunirse con su homólogo Volodymyr Zelensky.
No sucedió. Y mientras el presidente ruso enfrenta quizás la situación más incómoda desde el inicio de su invasión a gran escala de Ucrania, sus demostraciones de fuerza parecen ser un gesto compensatorio un tanto desesperado. “La intensificación del bombardeo…