inmerso en Lagos, el caldero cultural africano que nunca duerme


Lagos no busca agradar. Ella empuja, intimida y fascina. En la novela “Americanah”, un personaje de la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie la describe como “feo, con sus calles llenas de baches, sus casas que crecían al azar como la maleza”. Nada más poner un pie allí, el tumulto te asalta con sus incesantes bocinazos, su tráfico estupefaciente, su aire húmedo. Los puentes de cemento gris, que cruzan la laguna y los barrios marginales, no invitan a la poesía. Los generadores de electricidad diésel ponen la banda sonora. Los árboles dan paso a edificios para los ricos que conducen vehículos 4×4 con aire acondicionado. Los abarrotados “kékés”, vehículos motorizados de tres ruedas amarillos, alegran el día; Por la noche, ciertos barrios, acostumbrados a los cortes de energía eléctrica, adquieren un aspecto lúgubre. En esta ciudad-mundo de más de 20 millones de habitantes, demasiado rápida para comprenderla, demasiado vasta para explorarla, algo palpita. Lagos nunca duerme, dicen, y sueña todo el tiempo.


La patria de Nollywood y Fela Kuti, papa del afrobeat, respira creatividad con un fermento cultural que inspira al planeta. Cada otoño, los acontecimientos se suceden a un ritmo frenético: la feria ART X Lagos, que reúne a coleccionistas de arte contemporáneo y a los noctámbulos de moda,…

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