En la Casa Blanca, Donald Trump no quiere “zapatos de mierda”…


Los códigos de vestimenta del poder masculino son banales y tristes, una realidad de larga data. Traje oscuro, camisa blanca, corbata, Oxford de cuero negro (llamado Richelieu en Europa, es decir, zapatos cerrados con cordones) en los pies. Y un día persigue al otro.


Donald Trump no es una excepción a la regla. Su única variación es el color de su corbata, azul cielo o roja, y la adición, de vez en cuando, de una gorra (generalmente) catastrófica.


Pero no éramos conscientes del reinado de terror utilizado por el presidente de los Estados Unidos en beneficio de los zapatos Oxford de la marca estadounidense Florsheim, fundada en Chicago en 1892 y apreciada en su día por… Michael Jackson. Proteccionista hasta la punta de las uñas, el presidente estadounidense exige que todo su gabinete las use, llegando incluso a adivinar el tamaño de los hombres que lo rodean para ofrecerles un par por 145 dólares (124 euros, una fracción de la fortuna presidencial).




Al vicepresidente JD Vance, al secretario de Estado Marco Rubio, al ministro de Transporte Sean Duffy, al ministro de Defensa Pete Hegseth, al ministro de Comercio Howard Lutnick… se les ofreció un par de Florsheim. Incluso figuras que no son miembros del gabinete presidencial, como el comentarista político Sean Hannity, o el senador Lindsey Graham, ya no pueden elegir qué zapatos elegir. “Todos los hombres los tienen, informa al “Wall Street Journal” una mujer que trabaja en la Casa Blanca, y todo el mundo tiene miedo de no llevar uno. »



Fue el año pasado cuando comenzó la obsesión por el inquilino de la Casa Blanca. Luego de una reunión en la Oficina Oval, el líder del MAGA (para “Make America Great Again”, el lema trumpista”, nota del editor) lanza a JD Vance y Marco Rubio: “Marco, JD, tus muchachos tienen zapatos de mierda”antes de coger un catálogo de la marca, preguntar por las tallas del equipo y realizar un pedido. Y para añadir misteriosamente: “ Se puede saber mucho sobre un hombre por la talla de su zapato. »


Un punto para Trump: no guarda rencor desde que Florsheim emprendió acciones legales contra los derechos de aduana del presidente de los Estados Unidos.

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