El arrendamiento social debe organizarse a nivel europeo.


La industria del automóvil es un pilar del poder económico de Europa. Ahora está bajo presión: perturbaciones comerciales, aumento de los costos de la energía, escasez de materias primas y caída de la demanda. Aún más preocupante: el rápido ascenso de los competidores chinos, que regularmente ganan terreno en los mercados globales. Para proteger la industria europea, debemos hacer que la movilidad eléctrica sea accesible para todos los europeos, estimulando la demanda a través del arrendamiento social.



Algunos actores de la industria del automóvil siguen confiando en los motores de combustión. La historia está llena de ejemplos que muestran los peligros de tal dependencia de tecnología obsoleta: Nokia, alguna vez líder indiscutible en teléfonos móviles, no pudo anticipar la revolución de los teléfonos inteligentes. Los teléfonos con teclado, por más rápidos y potentes que sean, nunca han podido competir con las pantallas táctiles y las aplicaciones. No permitamos que nuestros fabricantes de automóviles cometan el mismo error.


Queremos poner en nuestras carreteras vehículos eléctricos europeos, ecológicos y accesibles antes de que los modelos chinos dominen el mercado. La Comisión Europea reconoció la urgencia de la situación y la presidenta Ursula von der Leyen anunció una iniciativa relativa a los pequeños coches eléctricos.


Este cambio de dirección es bienvenido. Hoy en día, son especialmente los más ricos (banqueros, consultores, abogados) los que más se benefician de las ayudas para la compra de vehículos eléctricos. Para muchos otros europeos, en particular los cuidadores y trabajadores, esta movilidad sigue siendo un espejismo. Sin embargo, son ellos quienes más lo necesitan, dependiendo de su coche para trabajar, muchas veces lejos del transporte público.


Por eso, con el grupo de los Socialistas y Demócratas (S&D) en el Parlamento Europeo, pedimos la implementación de un plan europeo de arrendamiento social, para que la movilidad limpia se convierta en un derecho para todos.



La idea es simple: hacer que los vehículos eléctricos sean asequibles para hogares de ingresos bajos y medios mediante un alquiler mensual moderado. Un sistema de puntos, que tenga en cuenta los ingresos, el tamaño del hogar, el lugar de residencia y las necesidades de viaje, para garantizar la equidad. Se daría prioridad a quienes tienen menos alternativas: residentes de zonas rurales, trabajadores con horarios atípicos y familias con ingresos modestos.


Para ser elegibles, los vehículos eléctricos deberán cumplir los estándares sociales y ambientales más estrictos, así como rigurosas normas de protección de datos. De esta manera, Europa apoyaría a sus ciudadanos, su industria y sus trabajadores.


Los Estados miembros ya pueden hacerlo. Francia también experimentó tímidamente con el arrendamiento social en enero de 2024. En los planes sociales para el clima, los Estados ya deben incluir medidas destinadas a combatir directamente la pobreza vinculada al transporte. El arrendamiento social debe formar parte de estas medidas. Pero debemos ir más allá y trabajar a escala europea. Europa ya ha demostrado (en particular con la compra conjunta de vacunas contra el Covid) que la Unión es fuerte. Por lo tanto, pedimos a los Estados miembros que, una vez más, encarguen a la Comisión que negocie un acuerdo europeo, esta vez con fabricantes y empresas de leasing.


Un estudio reciente del Oeko-Institut revela que entre 2026 y 2032, el arrendamiento social podría beneficiar a tres millones de hogares en tan solo unos pocos Estados miembros. Ampliado a toda la Unión Europea durante diez años, este sistema podría sustentar a más de diez millones de familias.


Las ventajas son triples:
En primer lugar, reforzar la competitividad de nuestra industria automovilística creando un mercado real para los vehículos eléctricos pequeños, que también estimulará la producción de baterías en Europa. Hoy en día, China domina la producción de baterías, mientras que Europa necesita urgentemente desarrollar su propia producción.



Se trata entonces de lograr la revolución ecológica e industrial. Se trata de aumentar la producción de pequeños vehículos eléctricos para las decenas de millones de europeos que seguirán necesitando un vehículo motorizado para viajar.


Por último, este enfoque ofrece una movilidad asequible para nuestros conciudadanos. Si el transporte público sigue siendo esencial para sacar a millones de europeos de la precariedad, el arrendamiento social permite el acceso al empleo, la educación y el ocio en zonas donde el coche sigue siendo esencial.


Todo ello beneficiará también al mercado de segunda mano. Hoy en día, los vehículos eléctricos usados ​​siguen siendo muy pocos y demasiado caros. Al ampliar ahora el acceso a estos vehículos, estamos promoviendo el desarrollo de un mercado de segunda mano asequible, acercando así la movilidad eléctrica a todos los europeos.


Seguir aferrándose a los motores de combustión no producirá más que falsas esperanzas y obstaculizará la aparición de nuevos actores innovadores. Por otro lado, un plan europeo de arrendamiento social podría convertirse en el verdadero motor de las industrias del futuro.


Imaginemos cada pueblo donde los coches de sus habitantes serían eléctricos. Aire más puro, calles tranquilas donde se podía escuchar nuevamente el canto de los pájaros: la nueva banda sonora de la vida cotidiana europea. Esta sería la señal tangible de una Europa que apoya a sus ciudadanos, respeta sus compromisos climáticos e invierte en su futuro industrial.


El arrendamiento social cumple estas tres ambiciones: al crear una demanda estable de vehículos eléctricos asequibles, Europa lucha por el poder adquisitivo, cumple sus promesas climáticas y devuelve la grandeza a la industria automovilística europea.


Por los eurodiputados Mohammed Chahim (vicepresidente del grupo S&D, ex PSE), Thomas Pellerin-Carlin (S&D), Annalisa Corrado (S&D), Matthias Ecke (S&D) y Bruno Tobback (S&D)

Este artículo es una columna, escrita por un autor ajeno al periódico y cuyo punto de vista no compromete a la redacción.

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