“CS3D”, “Omnibus 1”: neolengua para designar la legislación europea, muchas de las cuales desconocen lo que cubre. Nos corresponde a nosotros, líderes políticos y eurodiputados, revelarles qué contienen estas bolsas sorpresa, que en este caso son bolsas tóxicas.
Detrás del nombre tecnocrático de “CS3D” se esconde el deber de vigilancia, una ley progresista, adoptada hace apenas un año, en la primavera de 2024. Su objetivo es crear un marco y obligar a las empresas a garantizar que sus establecimientos y sus subcontratistas, especialmente en el extranjero, respeten los derechos humanos y medioambientales y no los consideren opciones evitables. El jueves 13 de noviembre esta ley fue tirada a la basura, en plena COP30 en Belém, Brasil. Como opción, ¿la dignidad humana? ¿Como opción, la eliminación del trabajo infantil? Opcionalmente, ¿nuestro planeta? Como opción, ¿nuestra soberanía alimentaria e industrial?
Sí, para la derecha y la extrema derecha europea, que con su voto mayoritario el 13 de noviembre organizaron la gran venta del deber de vigilancia. La alianza tóxica continúa su lógica de destrucción masiva de la vida, la salud y el Estado de derecho, con el consentimiento de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.
Plenos poderes para los poderosos
Con esta votación, la derecha y la extrema derecha ofrecemos nuestras vidas en bandeja a los multimillonarios y las multinacionales. Con esta votación, la derecha y la extrema derecha han firmado un cheque en blanco para continuar con la destrucción de nuestro medio ambiente, aplaudido por los lobbies del petróleo y el gas.
Limitar la vigilancia europea; renunciar a la creación de un régimen europeo de responsabilidad civil; eliminar la obligación de que las multinacionales adopten e implementen medidas para reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero; limitar la posibilidad que tienen los Estados miembros de proponer disposiciones más protectoras; aumentar el umbral para la aplicación de informes –evaluación– en términos de sostenibilidad: estas abdicaciones otorgan plenos poderes a los poderosos y a sus subcontratistas.
El capitalismo, bien organizado, puede continuar su camino a marcha forzada, con las manos “libres” y sucias. Puede seguir beneficiándose del trabajo infantil, de la explotación de mujeres y hombres, del envenenamiento de nuestro suelo, de nuestros cielos, de nuestros mares y de nuestros platos. ¿Qué podemos decir del proyecto TotalEnergies en Uganda, que expropia a miles de personas de sus tierras y convierte el extractivismo en un peligro para el clima y la biodiversidad? ¿O qué podemos decir de Carrefour, que nos vende atún sin respetar los límites de mercurio exigidos para la salud del consumidor?
unamos fuerzas
El deber de vigilancia surgió en Francia, país de la Ilustración, tras el derrumbe del Rana Plaza en Bangladesh, que provocó la muerte de más de mil trabajadores, el 14 de abril de 2023. Este principio fue consagrado en la legislación francesa gracias a la movilización de organizaciones no gubernamentales y por iniciativa de los socialistas, en particular Dominique Potier. Su adopción por el Parlamento Europeo había sido una gran esperanza: imponer el deber de vigilancia en la escena mundial, convertirla en una palanca de progreso y de fraternidad. Su asesinato a manos de la derecha y la extrema derecha es una indignidad, una traición a los valores europeos, un insulto a las familias de las víctimas de Rana Plaza y a todos los explotados.
Sin la aplicación estricta del deber de vigilancia, se multiplicarán tragedias previsibles, como la ocurrida el sábado 15 de noviembre en la República Democrática del Congo. Decenas de mineros ilegales, sin derechos y sin seguridad laboral, murieron en el derrumbe de una zona de extracción de cobalto, un metal esencial para las nuevas tecnologías (teléfonos inteligentes, ordenadores).
Es hora de que los humanistas reaccionen. ¿Vamos a esperar hasta que esta ley, que ya no merece ese nombre, sea aprobada durante las negociaciones del diálogo tripartito? (que comienza el martes 18 de noviembre y continuará hasta el 8 de diciembre, nota del editor) entre la Comisión Europea, el Consejo de la Unión Europea y el Parlamento Europeo? No.
Recientemente, con motivo de la ley Duplomb, el compromiso ciudadano demostró su fuerza y su capacidad para enfrentarse a los lobbies. El deber de vigilancia proviene de la sociedad, de los sindicatos, de las ONG. La resistencia a este voto injusto debe construirse con la sociedad en su conjunto. Progresistas, defensores del Estado de derecho, de los derechos humanos, de la ecología y del derecho laboral, unamos fuerzas para restaurar el espíritu y la letra del deber de vigilancia.
Este artículo es una columna, escrita por un autor ajeno al periódico y cuyo punto de vista no compromete a la redacción.