para ir más lejos
El primer día, Michaël Trazzi tiene una sonrisa y una buena mirada; en el séptimo tiene las mejillas hundidas y los ojos tristes. A mediados de septiembre de 2025, este activista francés de 30 años emprendió una huelga de hambre frente a la sede londinense de DeepMind, la filial de inteligencia artificial (IA) del gigante estadounidense Google, toda ella escenificada en YouTube. Objetivo: denunciar la loca carrera por la IA por parte de los gigantes tecnológicos. Luego, en abril pasado, el activismo contra la IA subió un nivel, cuando el texano Daniel Moreno-Gama, de 20 años, arrojó un cóctel Molotov en la casa de Sam Altman, el jefe de OpenAI, empresa matriz de ChatGPT. Tanto es así que la administración estadounidense teme ahora la multiplicación de este tipo de ataques. No todos los oponentes a la IA están tan comprometidos como Michaël, ni tan violentos como Daniel, pero sus acciones simbolizan una revuelta silenciosa contra el auge global de la inteligencia artificial.
La desconfianza va en aumento a medida que su uso se extiende como la pólvora. Ninguna tecnología en la historia se ha adoptado tan rápidamente: según una encuesta de Ifop, casi dos tercios de los franceses dicen utilizar IA generativa, que sólo está disponible desde hace tres años y medio. Por comp…