“No abandonemos la financiación pública del sector cultural al ukase de las redes sociales”

Una vez más, ha golpeado la cruzada de la extrema derecha contra el modelo original de financiación de la creación cultural en Francia, que es la riqueza de nuestro país. El Centro Nacional de Cine e Imágenes Animadas (CNC) es víctima colateral de una odiosa polémica. Revela las cuestiones legítimas que pesan sobre la financiación de la creación online en nuestro país, en un momento en el que el desarrollo de las redes sociales cuestiona los vehículos tradicionales de distribución.

El 8 de abril, el presidente de la CNC anunció la suspensión hasta nuevo aviso del Fondo de Ayuda a la Creación en las plataformas sociales, al no poder la comisión de asignación seguir “deliberar con calma sobre los proyectos que se le presenten”. Esta suspensión se produce como reacción a los desafortunados comentarios del streamer Ultia, miembro del jurado del fondo – inmediatamente destituido – comentarios que rompieron con la imparcialidad necesaria para el ejercicio de su misión. Le bastó con sufrir redadas de ciberacoso sexista y violento y con que el algoritmo se acelerara, impulsado por la esfera de extrema derecha y varios líderes políticos de LR que vieron esto como una oportunidad para reafirmar un proyecto político, desafiando la realidad.

La misión de la CNC es lo suficientemente importante como para defender la institución. El CNC, organismo público creado tras la Segunda Guerra Mundial, apoya la creación francesa, primero en el ámbito cinematográfico y, progresivamente, en el conjunto de la imagen animada a través de las innovaciones tecnológicas. Su misión: garantizar la libertad creativa.

Una vez más, se trata de una burbuja algorítmica que contribuyó a suscitar una polémica, de forma desproporcionada y sin matices. También es responsabilidad de plataformas como X, Tik Tok o YouTube que han permitido que florezcan contenidos denigrantes, engañosos y violentos. Sobre todo, es necesario brindar un apoyo claro a la CNC y sus agentes que han tenido que enfrentar amenazas de muerte, ciberacoso y violencia en las redes sociales alimentadas por el ámbito fascista. Es esta violencia la que también llevó a que el sistema se detuviera para proteger a los empleados y a una institución agotada por una mala controversia. Sin embargo, volvamos al meollo de la cuestión: la financiación de la creación online.

A principios de año, el CNC anunció la transformación de su sistema de soporte a la creación online, apuntando a obras específicamente diseñadas para plataformas de vídeo. el ex “Fondo de talento” Fue dotado con 2 millones de euros. El importe se incrementó en un 50% hasta alcanzar los 3 millones de euros, una cifra aún inferior a las necesidades, con criterios de asignación estrictos y elegibilidad limitada. Esta asignación siguió siendo modesta en comparación con el volumen de negocios procedente de la creación de contenidos en línea.

Muy poca contribución de las plataformas

En un informe presentado al Primer Ministro el pasado mes de enero sobre la influencia y las redes sociales, recomendé a Stéphane Vojetta aumentar el poder de este fondo, pidiendo al mismo tiempo que su asignación estuviera condicionada a criterios éticos: reducción de la publicidad, respeto de una carta que destaca, por ejemplo, la igualdad de género, la lucha contra la discriminación o todas las formas de racismo, la protección del medio ambiente… Por lo tanto, establecer garantías adicionales de transparencia y respeto de estos valores para beneficiarse del dinero público podría ser una condición previa para reiniciar el sistema, como espera el ecosistema.

Sin embargo, la necesaria financiación pública de la creación de contenidos no puede hacernos olvidar el problema real de una industria infrafinanciada debido a la débil contribución de las plataformas que son las principales beneficiarias de la riqueza cultural producida. Los creadores de contenidos, dependientes del algoritmo, sin visibilidad de su remuneración derivada directamente de las visualizaciones, se encuentran en una posición débil en comparación con los gigantes digitales para los que a veces trabajan gratis. La facturación de los gigantes digitales se basa en estos contenidos, pero una ínfima parte de los resultados se paga a los artesanos que trabajan en esta producción. Es cierto que las plataformas pagan el impuesto sobre la distribución en línea y sobre los contenidos audiovisuales (TSV) que alimenta la CNC, pero la Comisión Europea subraya que las empresas digitales tributaron al 9% de media, frente al 23% para las empresas de la economía tradicional. Esto no puede continuar: hay que reevaluar su contribución.

Además de la necesaria financiación pública y privada del ecosistema creativo, urge que el Ministerio de Cultura revise el funcionamiento de las ayudas destinadas al mundo de la información online. Los criterios para acceder a él se consideran arcaicos y los montos insuficientes. Esta financiación debe adaptarse a las nuevas formas de consumir información en un momento en el que es más que necesario apoyar la producción de información de calidad, frente a inmensos desafíos: información falsa, injerencias extranjeras, financiación de magnates involucrados en una batalla cultural por ideas de extrema derecha, contenidos generados por inteligencia artificial, etc.

No podemos resignarnos a abandonar la necesaria financiación pública del sector cultural –en el corazón de la riqueza del modelo cultural francés– al uso de las redes sociales, vectores de una visión libertaria de la sociedad. Fomentemos el desarrollo y la estructuración de un espacio que las autoridades públicas luchan por mantener al ritmo de crecimiento. Mañana la misión del CNC deberá retomarse con tranquilidad. Si es posible pensar en otra organización para conceder ayudas a los creadores, esto no puede debilitarse ni cuestionarse. El trabajo es vasto pero esencial para preservar, empoderar y apoyar el sector de creación de contenidos de nuestro país.

Este artículo es una columna, escrita por un autor ajeno al periódico y cuyo punto de vista no compromete a la redacción.

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