El sufrimiento en el trabajo, motor del deseo de reconversión profesional

Salario Francia está atravesada por una línea divisoria. Por un lado, algo menos de la mitad de los empleados están satisfechos en general con su situación profesional. Según una encuesta que realizamos con Ipsos entre una muestra representativa de 1.500 empleados en Francia, el 45% de los encuestados no prevén una ruptura importante en su trayectoria profesional actual, aunque algunos a veces consideran cambiar de empleador. Pero al otro lado de la brecha, poco más de la mitad quiere un cambio de carrera. Para el 54% de los empleados en Francia, la insatisfacción laboral es tan fuerte que desean dar un nuevo rumbo a su carrera, ya sea cambiando de profesión, de sector de actividad o de campo profesional. Estos deseos se comparten a partes iguales entre quienes quieren dar el paso a corto plazo y quienes se lo plantean a medio plazo. El porcentaje restante incluye otras situaciones, en particular empleados mayores de cincuenta años que hubieran querido considerar un cambio de carrera, pero anticipan discriminación en la contratación debido a su edad.

La insatisfacción con la remuneración y las oportunidades de desarrollo profesional explica en parte el deseo de reciclarse profesionalmente. Pero otro dato alarmante nos permite comprender mejor esta línea divisoria entre los empleados: condiciones laborales seriamente degradadas en determinadas organizaciones que impactan en su salud mental.

La encuesta revela que cuanto mayor es la insatisfacción con las condiciones de trabajo, más urgente se siente el deseo de reconversión profesional. Entre los que están planificando activamente una reconversión profesional, el 61% afirma sentir estrés en el trabajo, el 44% ya se ha tomado una baja laboral por agotamiento profesional y el 43% afirma que el trabajo ha perjudicado con frecuencia o muy a menudo su salud mental en los últimos doce meses. Por otro lado, entre los empleados que no están considerando reciclarse, estas proporciones caen al 24%, 13% y 10% respectivamente. En otras palabras, querer cambiar de vida profesional es, en muchos casos, menos una elección que una respuesta a un deterioro percibido de las condiciones laborales que tiene un fuerte impacto en la salud.

¿De dónde viene este sufrimiento en el trabajo? Nuestra investigación apunta a tres causas principales.

  • El primero es la calidad del entorno y la gestión humanos. Aquí es donde las brechas entre los empleados cuya salud mental se ve afectada por el trabajo y otros son más marcadas. Sólo el 30% de los primeros dice estar satisfecho con el clima laboral, frente al 68% de los segundos, una diferencia de 38 puntos porcentuales. Se observan lagunas comparables en el hecho de beneficiarse de un apoyo adecuado de la jerarquía en caso de dificultad (36 puntos), el sentimiento de ser reconocido y apreciado por el trabajo realizado (35 puntos), así como la benevolencia (34 puntos) y la competencia percibida de la dirección (33 puntos).

  • La segunda causa es el equilibrio entre la vida personal y laboral. Entre los empleados cuya salud mental no se ve afectada por el trabajo, el 72% logra conciliar las dos dimensiones. Esta cifra cae al 39% entre aquellos cuya salud mental está degradada, una diferencia de 33 puntos.

  • La tercera causa se refiere a la pérdida de sentido en el trabajo. Las personas cuya salud mental está degradada dicen estar menos motivadas por las misiones que se les confían y menos de acuerdo con los valores que defiende su organización (30 puntos de diferencia en ambos casos).

Estos hallazgos muestran que las expectativas de los empleados cuya salud mental se ve afectada no se limitan a la remuneración. En primer lugar, se refieren a las condiciones mismas en que se realiza el trabajo. Cuando se les pregunta sobre sus prioridades para una nueva carrera, los empleados con salud mental afectada desean principalmente beneficiarse de un ambiente de trabajo más tranquilo y respetuoso, una gestión más competente y menos estrés diario. Estos deseos de cambio son tan fuertes que estos empleados estarían incluso dispuestos a renunciar a mejores remuneraciones o a oportunidades de desarrollo profesional para obtener condiciones laborales más satisfactorias. Estos empleados también aspiran con menos frecuencia a más responsabilidades o tareas más diversificadas, probablemente para no aumentar una carga de trabajo que ya se considera excesiva.

Por tanto, estas aspiraciones perfilan un claro deseo de cambio. Sin embargo, rara vez resultan en una recapacitación efectiva. Si el 27% de los empleados quiere una reconversión profesional a corto plazo, muy pocos han dado el paso: el 8% dice que no puede permitírselo, el 14% aún no sabe adónde ir y sólo el 5% está planificando activamente un cambio. Este bloqueo en la implementación efectiva de los deseos de reconversión se produce en un contexto económico desfavorable para estas transiciones. De hecho, los datos del INSEE muestran que la movilidad en el mercado laboral se ha reducido, mientras que la proporción de empleados que desean cambiar de trabajo no ha disminuido.

Estas cifras nos invitan a ampliar nuestra lectura de las desigualdades en el trabajo. Se suman a otras investigaciones que muestran que muchos empleados aspiran a mejores condiciones laborales y un mejor equilibrio en la vida. Por lo tanto, el persistente malestar en el mercado laboral en Francia no puede explicarse únicamente a través de las diferencias salariales. También se refiere a desigualdades menos visibles, vinculadas a la exposición a riesgos psicosociales, la calidad de la gestión, el ambiente de trabajo y, más ampliamente, las condiciones en las que se realiza el trabajo. La magnitud de estas cifras muestra cuán urgente es que las políticas públicas tengan más en cuenta estas desigualdades, si queremos responder al malestar de muchos empleados en Francia.

BIOS EXPRESA

ana aburrida Es profesor asociado de economía en la Universidad Erasmus de Rotterdam (Países Bajos) e investigador afiliado del laboratorio interdisciplinario para la evaluación de políticas públicas (Liepp) de Sciences-Po.

Catherine Laffineur Es profesor de economía en la Universidad de la Costa Azul, CNRS-Gredeg.

Este artículo es una columna, escrita por un autor ajeno al periódico y cuyo punto de vista no compromete a la redacción.

Deja un comentario