Los eurodiputados y los Estados europeos alcanzaron el lunes 1 de junio por la tarde un acuerdo para endurecer la política migratoria de la Unión Europea (UE), con la posibilidad de crear centros en el extranjero para el retorno de inmigrantes ilegales.

El compromiso, que también prevé una batería de medidas para acelerar las expulsiones, tendrá que ser votado por última vez por el Parlamento Europeo y los Estados miembros en las próximas semanas.

La ley permite a los Estados miembros de la UE que así lo deseen establecer centros fuera de Europa devolver allí a los solicitantes de asilo rechazados. Algunos países europeos como Dinamarca, Austria y Alemania ya están empezando a imaginar dónde instalar estos centros, por ejemplo en Ruanda, Uganda o Uzbekistán. Sin embargo, todavía será necesario tiempo para que los Estados desarrollen tales proyectos, de acuerdo con los terceros países que los acogerían.

Francia se ha mostrado escéptica ante estos centros y España se ha opuesto a ellos, considerándolos una amenaza al respeto de los derechos humanos. Estos centros serán “flexibilidades” medidas para acelerar los desalojos.

Durante las negociaciones de esta tarde en Bruselas, el principal enfrentamiento se centró en la fecha de aplicación de las distintas medidas. En última instancia, los Estados tendrán la posibilidad de poner en marcha directamente centros de retorno, pero otras medidas no entrarán en vigor hasta un año después de la publicación de la ley, sobre todo por motivos legales.

La idea de crear estos “centros de retorno”

El texto también prevé sanciones más estrictas para los inmigrantes que se nieguen a abandonar suelo de la UE, como la incautación de documentos de identidad o la detención prolongada de hasta 24 meses. El retorno de los inmigrantes contra su voluntad también iría acompañado de una prohibición de entrada en la UE ampliada a 10 años (frente a los 5 años actuales), o incluso a 20 años.

El texto marca un claro endurecimiento de la política migratoria de la UE, sólo dos años después de la adopción del Pacto de Asilo y Migración, que acaba de entrar en vigor. Este pacto prevé un “filtración”

.

Por el contrario, la izquierda y las ONG se oponen firmemente a estas medidas, que consideran contrarias al derecho internacional. Este texto es el .

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