Las lecciones políticas de un verano

El verano que pasamos nos obliga. Porque el cambio climático nunca ha pesado tanto en nuestras vidas y en nuestros cuerpos, porque nunca ha moldeado tanto nuestros paisajes ni ha amenazado nuestro modelo económico y agrícola, estas últimas semanas deben permanecer como una piedra de toque en nuestras conciencias colectivas. Nunca habíamos experimentado tal sucesión de olas de calor, tal récord de incendios, tal nivel de desecación de nuestros suelos y tal escasez de agua. Todos los ingredientes de la catástrofe climática se han reunido en un resumen de lo que con certeza nos espera en los años venideros. Lo que surge es un precipitado de las batallas que tendremos que librar en el futuro, sin sucumbir al fatalismo: acentuar aún más nuestros esfuerzos para reducir nuestras emisiones de carbono y así doblar la curva de calentamiento. Por último, aceptar adaptar nuestros estilos de vida, nuestros territorios, nuestros hábitats y nuestro modelo económico al nuevo paradigma climático de Francia.

Por tanto, el verano que hemos pasado nos obliga y debe obligar a nuestras políticas. A medida que se reanuda la campaña presidencial, es fundamental que los meses que hemos vivido no sean rápidamente evacuados y las cuestiones climáticas una vez más esquivadas. Nuestra clase política tendrá que estar a la altura del desafío, al igual que tendrá que enfrentarse a la otra revolución en marcha, igual de vertiginosa: la expansión descontrolada de la inteligencia artificial.

Esta nueva tecnología está revolucionando nuestra forma de trabajar, informarnos, crear y aprender, como detallamos en nuestra ficha de la vuelta al cole. Proporciona un progreso considerable, pero también amenaza el empleo, al tiempo que concentra aún más el poder en manos de los oligarcas tecnológicos. Una vez más, las cuestiones políticas son inmensas: ¿cómo regular esta revolución antropológica? ¿Cómo podemos cosechar los beneficios y al mismo tiempo proteger a las personas de sus efectos nocivos? ¿Qué modelo social deberíamos inventar cuando la IA ya está transformando profundamente nuestra relación con el trabajo?

“La escuela: el gran desafío de la IA”, en portada de “New Obs”, 27 de agosto de 2026.

Crisis climática, inteligencia artificial, reparto de riqueza: estos trastornos son los verdaderos problemas del mañana, los que tendrán que imponerse durante las elecciones presidenciales. Sin embargo, el debate sustancial aún no ha comenzado –o muy poco– ya que la campaña sigue centrada en cuestiones de reparto, particularmente en la derecha y dentro de la izquierda no melenchonista. Esta incertidumbre sirve al Rally Nacional y a La France insumisa, cuyos contendientes ya están en marcha.

Desde julio, la extrema derecha se ha alineado detrás de su líder histórico, convencida de que esta vez no se le escapará la victoria. En cuanto a LFI, con su dinámica militante y su fuerte línea política, busca seducir a sus aliados potenciales, incluidos los ambientalistas, que están cada vez más divididos. Pero 2027 no es 2022, cuando Mélenchon supo jugar la útil carta del voto: su techo de cristal se ha espesado en proporción al rechazo que ahora suscita. La estrategia de conflicto permanente del líder del LFI, sus ambigüedades frente al antisemitismo y su complacencia hacia los regímenes autoritarios han ampliado la división con el resto de la izquierda.

Sus representantes no tienen más tiempo que perder: para la socialdemocracia rejuvenecida en la ecología, se vuelve más que urgente convencerse de que una dinámica todavía es posible. Una vez superado el suspenso verdadero-falso de la candidatura de Glucksmann, al Partido Socialista le queda navegar la espinosa etapa de las primarias, sin perder demasiadas plumas. En los últimos días, la adhesión de Yannick Jadot a Glucksmann o los llamamientos de Cécile Duflot a crear un arco socioecológico perfilan un potencial reagrupamiento de la última izquierda plural. Pero se necesitará algo más que buena voluntad para crear una alternativa creíble a la derecha y a la extrema derecha, obsesionadas por respuestas falsas centradas en la inmigración. El futuro del país requiere un proyecto europeo ambicioso, ecológico, solidario, que redistribuya la riqueza y dé respuestas creíbles a las dificultades de las clases trabajadoras. También para la ecología social es el momento de la verdad.

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