Antes Hugo se sentía un poco solo, pero le gustaba. Este trabajador del espectáculo de 31 años, un poco provocativo, proclamaba a cualquiera que quisiera escucharlo que no le gustaba el verano y prefería el invierno, sus capas de ropa, sus chocolates calientes y sus noches de mimos… Hugo sólo provocaba encogimientos de hombros y miradas de asombro. “Es simple, me dijeron que estaba loca, dijo. Ahora la gente me entiende. » Porque asistimos a una pequeña revolución antropológica: el verano ya no es sólo la estación del “hermosos días”de “buen clima”las vacaciones y el relax finalmente están permitidos. No. Como se nos ha recordado brutalmente en las últimas semanas, el verano se ha convertido en sinónimo de olas de calor mortales, y el sol, ese querido proveedor de vitamina D, se considera cada vez más un dios cruel cuyos rayos vengativos deben evitarse.
¿Qué pasaría si pasáramos de una cultura de buscar el bronceado a una de buscar la sombra a toda costa? En las encuestas tiembla como las hojas antes de la tormenta. Las olas de calor son actualmente el riesgo natural más citado por nuestros conciudadanos, según la encuesta “La opinión de los franceses…”.