“ Hay 17.385 bebés en Gaza que su sistema mató, 825 de los cuales tenían menos de 1 año. (…) Hay 35.055 bebés huérfanos en Gaza. Su sangre te perseguirá”, exclama en noviembre de 2024 desde la plataforma de la Knesset Ayman Odeh, diputado palestino procedente de Israel del partido comunista Hadash, frente al primer ministro Benjamín Netanyahu. Es expulsado antes de que finalice su acusación, desestimado por los alguaciles del hemiciclo. Unos meses más tarde, a finales de junio de 2025, se inició un proceso de destitución contra la principal figura de la representación política árabe en Israel. No obtuvo los 90 votos necesarios de los 120 elegidos para la Knesset, sino 73, desde el centro hasta la extrema derecha, después de dos sesiones de debate en el Parlamento en las que se profirieron amenazas contra el funcionario electo: “Si estuvieras en otro país, te habrías enfrentado a un pelotón de fusilamiento”, dijo el diputado del Likud Osher Shekalim.
Es en este contexto de deriva antidemocrática, endurecimiento gubernamental hacia los palestinos en Israel –que representan el 20% de la población del Estado judío– y aumento de la violencia contra las comunidades árabes que se desarrollarán las próximas elecciones legislativas en octubre. Desde…