“No puedes sentarte con nosotros. » El truco de cualquier película para adolescentes que se precie encaja extrañamente en la escena. Este lunes 4 de mayo, en las escalinatas del Museo Metropolitano de Arte, el matrimonio Bezos – Sánchez ingresan a la Met Gala, como nuevos presidentes honorarios. Ella, vestida con un vestido azul, con una silueta suavizada hasta el punto de irreal; él, con una sonrisa ultrabrillante plasmada en su rostro. Mientras tanto, muy rápidamente, en las redes sociales, los habituales del templo del glamour notaron lo que era evidente: los ausentes. Muchas actrices, cantantes y top models hubieran preferido quedarse en casa antes que compartir la misma mesa con la pareja multimillonaria cercana a Donald Trump.
¿A dónde se han ido Zendaya, Lady Gaga y Ariana Grande? ¿E incluso Meryl Streep, encarnación en pantalla de un alter ego apenas velado de Anna Wintour, sacerdotisa de gala?
Bajo la nueva presidencia del matrimonio Amazon, estas ausencias de la gran masa de la moda parecen menos una coincidencia que una retirada colectiva, discreta pero perfectamente legible. Incluso el matrimonio Mamdani, aunque conocedores de los códigos políticos neoyorquinos, no ha viajado a esta edición de la gala benéfica, cuyo tema es “la moda es arte” (la moda es un arte).
En los últimos días, en las calles de la metrópoli estadounidense, una salvaje campaña de carteles de rara intensidad se ha dirigido al jefe de Amazon. Originalmente, el colectivo Everyone Hates Elon, que denuncia “una falta total de tacto”. En los carteles, Jeff Bezos aparece vestido como un agente de ICE, la policía de inmigración estadounidense, acompañado de un sencillo eslogan: “Amazon impulsa a ICE” (Amazon financia ICE). También puedes leer en otro lugar: “Fiesta como si fuera 1939”o también, bajo el signo de una ironía más amarga: “La democracia está tan anticuada. Código de vestimenta: ignorancia total. »
Sin embargo, los nuevos maestros de ceremonias no han escatimado en medios para conseguir sus lugares en el templo de la moda. Según el tabloide Page Six, para organizar la velada se habrían destinado casi 10 millones de dólares. Y no faltó el apoyo de la propia Anna Wintour: entrevistada en CNN, la papa de la moda saludó “increíble generosidad” por Lauren Sánchez, descrita como una “gran amante de la moda”.
La ex periodista, que se convirtió en la señora Bezos durante una boda tan suntuosa como fue publicitada en Venecia –tres días de celebraciones extraordinarias– no es su primera polémica. Su portada de Vogue estadounidense con un vestido de novia, en junio de 2025, ya había reavivado las especulaciones sobre un posible interés de Jeff Bezos en el grupo Condé Nast, editor de la revista de moda.
Una hipótesis que hoy pesa más, apenas unos meses después de que el jefe de Amazon eliminara alrededor de 300 puestos en el “Washington Post”.
Atrás quedaron los días en que, en 2021, Alexandria Ocasio-Cortez caminaba por la alfombra roja con un vestido. “Gravar a los ricos” (Gravar a los ricos). Esta edición marca un punto de inflexión: la moda ya no es sólo un adorno, sino un espacio de tensión donde el poder económico se invita al mundo del prestigio cultural, sin ser plenamente aceptado allí.