¿Podemos dejar de llamar “bebé” a alguien?

El suspiro que se nos escapó al contemplar esta secuencia de unos segundos habría permitido sin duda a un pequeño velero alcanzar, en un tiempo récord y sin ninguna dificultad, las sesenta millas náuticas que separan Saint-Malo de la isla de Guernsey.

La tarde del 18 de marzo, mientras los tres clasificados para la incierta segunda vuelta de las elecciones municipales parisinas respondían a la invitación de BFMTV a debatir sus programas cuatro días antes de la fecha límite, el candidato del PS, Emmanuel Grégoire, denunció “obsesión” mostrado por sus oponentes – la actual alcaldesa de 7mi distrito Rachida Dati y la diputada del LFI Sophia Chikirou – cuando se trata de (a él) Golpéalo muy, muy fuerte”. El socialista, que rechazó aliarse con los rebeldes, no tuvo tiempo de terminar su frase cuando el ex ministro de Cultura le llamó inmediatamente “pobre mocoso”. Sophia Chikirou, señalada en 2023 por el equipo del “Complément d’investigation” (Francia 2) por haber designado a periodistas de “Media” como periodistas “un montón de imbéciles”, agarrándose el costado con desdén: “Parece una víctima. » Recordemos que Emmanuel Grégoire reveló al inicio de la campaña, en France-Inter, que había sido víctima de violencia sexual en el contexto extraescolar durante su infancia…

Entonces, pudimos dudar, por un momento, de lo que estábamos presenciando: ¿un debate democrático entre figuras políticas destacadas o una justa escolar al borde de la indignación?

Más que el fondo de este debate –que a menudo fue doloroso y aproximado, como bien lo resumió nuestro colega Richard Godin– es en la forma en lo que debemos detenernos por unos momentos. Porque el término de “chochota”elegido por Rachida Dati, y qué tiene de escandaloso, sexista u homofóbico: ¿cuántos hombres homosexuales lo han escuchado en la escuela primaria, en la escuela secundaria, en la universidad o incluso frente a las máquinas de café? – no tiene cabida en un debate político ni en ningún lugar. ¿Cómo, además, podemos dudar de la connotación con la que la ex ministra de Cultura lo utiliza, cuando lo utiliza precisamente para designar a un hombre que no es gay?

Recordemos que, durante esta campaña, Rachida Dati ya fue señalada por “Le TV BUS Canal de comunicación urbana” por haber atacado a Gabriel Attal y a Pierre-Yves Bournazel al decir, ante testigos, que un “club gay” ¿Quería hacerle perder la carrera por la alcaldía de París? ¿Deberíamos repetir también que en mayo de 2025, cuando todavía estaba en la rue de Valois, aquella a quien sin duda se dirigirán las voces de extrema derecha desde la retirada de Sarah Knafo firmó la carta de inclusión LGBT en la asociación l’Autre Cercle? Citemos el primer párrafo de este texto: “Tomar las medidas apropiadas para cultivar un clima de comprensión libre de intimidación, hostilidad, vejación y cualquier forma de conducta discriminatoria por razón de orientación sexual o identidad de género. »

Mientras SOS Homofobia todavía alertaba en mayo de 2025 sobre la banalización del discurso “odioso y desinhibido” y el deterioro de la calidad del debate político en general, parece necesario recordar que hay principios sobre los cuales es urgente no ceder. Rechazar la indignación, negarla a que adopte la forma de un insulto sexista u homofóbico dirigido a un oponente político, es demostrar que la rechazamos para todos. Una señal que ningún partido político hoy debería poder ignorar.

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