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Es el neoliberalismo, olvidarlo es un crimen

Con fuente Milenio/Epigmenio Ibarra

Así nos quieren: desmemoriados e indiferentes. Dispuestos a ceñirnos —de buena gana y de nueva cuenta— el yugo al que estuvimos, por tantas décadas, sometidos.

Les urge que olvidemos los crímenes que desde el poder e impunemente cometieron. Saben que para volver a gobernar necesitan desaparecer de la memoria colectiva el caudal de sangre derramada, la humillación y el saqueo del que hicieron víctima a esta nación a la que dejaron hecha pedazos.
L
o que no remataron, lo que no privatizaron, lo demolieron hasta sus cimientos o lo infectaron con su corrupción, su ineptitud criminal y lo dejaron morir. No dejaron piedra sobre piedra.

El régimen neoliberal llevó a cabo la destrucción sistemática de las instituciones y el aparato de Estado. Su voracidad no tuvo límites, lo arrebató todo. Lo llevó a atentar contra lo más sagrado: la salud, la educación, el trabajo, la autosuficiencia alimentaria, los recursos naturales de la nación.

Al profundizarse la desigualdad social, al convertirse la brecha en abismo, se deshizo casi por completo el tejido social.
La corrupción y la impunidad engendraron al crimen organizado, la otra cara de este régimen movido por la avaricia. La guerra impuesta por Felipe Calderón provocó una crisis humanitaria de proporciones bíblicas y nos condujo a lo que puede considerarse una verdadera catástrofe ética.

Sin presente ni futuro quedaron decenas de millones de mexicanas y mexicanos, a merced de unos cuantos que desde el gobierno eran solo gestores al servicio de un poder económico despiadado y rapaz. Tiene razón Andrés Manuel López Obrador, es el neoliberalismo el que dejo al país, a la sociedad, en el estado de descomposición económica y social, de degradación moral en que se encuentra.

Fue con Carlos Salinas de Gortari que comenzó esta carrera demencial para venderlo y deshacerlo todo. Ernesto Zedillo, con el Fobaproa, hizo de las deudas privadas deuda pública y escrituró el futuro de todas y todos. Vicente Fox convirtió los excedentes petroleros en botín y frustró la tan ansiada transición a la democracia.

Felipe Calderón, el usurpador, desmanteló Pemex y convirtió la guerra en negocio. Y Enrique Peña Nieto terminó de consumar tanto la masacre como el saqueo. Todos ellos son responsables de la injusticia y la violencia que, resultado de sus desastrosas gestiones, desgarran al país. Es el neoliberalismo el causante de los males profundos que aquejan a México.

El saqueo y la masacre, la avaricia y la ceguera de gobernantes corruptos nos hundieron. Olvidarlo es un crimen; dejar de analizarlo, de decirlo por todos los medios, es un suicidio. Este país no era Suiza pese a lo que digan columnistas y comentaristas de radio y televisión que, en el pasado, urdieron la coartada para el expolio.

Aquí no había democracia, ni libertad, ni bienestar. Menos todavía teníamos paz y justicia. Indigna que quienes dejaron al pueblo sin salud, sin educación, sin seguridad ni trabajo intenten burlarse de quienes tenemos memoria puntual de sus crímenes. No es que “culpemos al pasado” —como falazmente sostienen— es que en la memoria se encuentran la razón, el sentido y la fuerza para no ser indiferentes y no volver a caer jamás en las manos de ese atajo de ladrones.


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