La Virgen de Guadalupe, la más poderosa en tiempos de la 4T

-En un México que no ha dejado de transformarse, no existe nada más poderoso que la imagen de la Virgen de Guadalupe, a pesar de los debates que han negado la realidad de su esencia desde hace siglos.

razon.com

La identidad nos define, nos une, nos dirige. Configurada a partir de momentos, leyendas, rituales e imágenes, la identidad se convierte en la piedra angular de la nación, es discurso, causa y justificación. El pulso vital que cohesiona y construye los imaginarios y las cosmovisiones de “lo nacional”. En un México que no ha dejado de transformarse, no existe nada más poderoso que la imagen de la Virgen de Guadalupe, a pesar de los debates que han negado la realidad de su esencia desde hace siglos. 

La historia, que enumera cinco apariciones de la Guadalupana en el monte del Tepeyac al indio Juan Diego entre el 9 y el 12 de diciembre de 1531, tiene como clímax la inesperada aparición de la dama morena en el ayate de rosas que Juan Diego ofrece al Obispo Fray Juan de Zumárraga, quien como testigo de los conquistadores de tierras y almas, avala el primer acercamiento oficial del natural Juan Diego a la “verdadera fe” y accede edificar el primer recinto advocado al culto mariano en tierras americanas.  

Representativa y vital, la imagen de la virgen y su difusión sustenta el significado mismo de la conquista, la evangelización y la nación independiente, pero más que eso supone la configuración de un símbolo que como ninguno, aglutina las visiones del culto prehispánico, el catolicismo y el crucial lugar de la madre mexicana, eje de poder que ha liberado por siglos al mexicano de una arraigada e inevitable sensación de orfandad.

En este tenor, la Tonantzin se inserta en lo más profundo del alma de la patria, ya no es solo la madre de Cristo: es la madre de México, el centro mismo del espacio y del tiempo nacional, la flor de cuatro pétalos y ancestral Nahui Ollin. 

La creación de símbolos para magnificar, perpetuar o mantener el poder ha sido y es una práctica recurrente en nuestro país. Del manto de la Guadalupana la mirada mexicana pasó a las fachadas danzantes de los templos barrocos, -símbolo del poderío jesuita hasta 

1767-, para retomar en 1810 el estandarte guadalupano en la lucha independentista y un siglo después volver a transformarse gracias a la heroica y muy mexicana visualidad de la gesta revolucionaria: el ferrocarril, la canana, las soldaderas y los caudillos.

En plena época de la 4T y su aún no muy taquillera exaltación de los momentos que representan Miguel Hidalgo, José María Morelos, Benito Juárez, Francisco I. Madero y Lázaro Cárdenas, la guadalupana sigue siendo la imagen más poderosa en la historia de México. Pocas peregrinaciones en el mundo reúnen a más a de 20 millones de visitantes con mandas, penitencias y consignas tan claras, promesas difíciles de cumplir y la más pura y noble demostración de fe.  

Hagamos votos para que el culto a la Virgen de Guadalupe exalte el respeto por la vida de las mujeres. No podemos dejar de recordar que en México son víctimas de feminicidio diez mujeres cada día.    


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