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Masca la Iguana/ Mi hermana, la guajolota y su belleza

No es la belleza lo que inspira la más profunda pasión. La belleza sin gracia es un anzuelo sin cebo. La belleza sin expresión cansa.
Emerson (1803-1882) Poeta y pensador estadounidense.
Luis Fernando Paredes Porras
Tengo tres hermanas, son como tres hermosas guajolotas. La más grande dice que es como un pavo real macho, que esconde su belleza y ahí de vez en cuando la muestra a su conveniencia. Pienso que es ella es más hermosa, aunque no tanto como una guajolota. Minerva Magaly es el nombre de mi hermana. Me gusta suena fuerte, suena armónico, al igual que el de las otras dos: Diana Evangelina y Martha Lorena.
Son combinaciones perfectas como las que se disfrutan en el centro del país al combinar maíz con maíz en una sabrosa torta de tamal. De Puebla extraño muchas cosas, entre ellas están las guajolotas, hablo de las tortas de tamal, no de mis hermanas, aunque por supuesto a ellas también las extraño. Con un champurrado o atole levantan el ánimo de cualquiera, hablo de las guajolotas, no de mis hermanas.
De dulce, rajas, mole, con piña son los más famosas. Si el pan, la torta es “de agua” el placer se incrementa en medida de lo crujiente que pueda ser a la mordida, aunque claro, hay que comerlas calientes porque ya después se ponen corriosas. Por supuesto que hablo de las guajolotas. Los tamales tienen un lugar especial en mi corazón, en mi historia. Toda mi infancia fue el desayuno de los domingos con su respectivo ritual de ir por ellos comenzando con mi abuelo Benito y pasando por todos los integrantes de la familia.
Sobre la mesa se encontraban tamales, café leche y pan. Y en torno a ello mi seres amados para preparar y degustar las guajolotas, aunque hay a quienes les gusta sólo el tamal. Pero desayunar una torta con tamal y un champurrado en cualquier esquina de Puebla es un acto sublime. Sólo quien lo ha probado podrá desmentirme. Una guajalota es bella no sólo por lo que es, sino por todo lo que representa.
Igual que mi hermana Minerva Magaly. La iguana me dice que busque una pareja de pavor reales en los ranchos y que compre uno azul y otro blanco, con sus hembras para que tengan motivos de mostrar su plumaje, su belleza.
Le digo que no son tan baratos, pero haré el intento, mientras tanto me es más fácil comprar una pareja de guajolotes, así el macho me recordará mi condición de “gordogordogordogordooo” y la hembra me simbolizará la hermosura que tiene mi hermana, ella dice que escondida, yo sostengo que quien la conoce, como quien ha probado una guajolota en el momento correcto, no puede negar que es bella, bonita, hermosa…chingona pues.
La verdosa masca y me contempla, me dice pasado un tiempo que ahora que hablo de mi hermana me inflo y muestro un plumaje de orgullo. La belleza de mi hermana dice, “oculta la mantengo”, despistando me entretengo casi toda la semana; es la magia mexicana “bella sin que se note”, su hermosura sale a flote cual pavo real orgulloso y no es que sea mentiroso siendo yo un guajolote.

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