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Masca la Iguana/Dávila: el BIG BROTHER Chinanteco

-Si te vienen a contar cositas malas de mí, manda todos a volar y diles que yo no fui… tú me tienes que creer a mí

Luis Fernando Paredes Porras

El caso del despido de la exDirectora de Comunicación Social de Tuxtepec y el acoso laboral que ayer denunció, ha tocado el corazón del gremio periodístico, porque las manifestaciones de apoyo han sido provenientes de la emoción de vulnerabilidad en la que nos encontramos todos quienes tenemos el privilegio de contar con espacios – propios y/o de colaboración o laborales – para dar a conocer la opinión pública o personal. Así, proveniente del corazón, se acuña una frase que sintetiza la crisis por la que hoy Dávila ha logrado poner a su gobierno: no me espíes, no me censures.

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La práctica de espionaje desde el gobierno es al parecer una condición inherente en todos los tiempos, en todas las democracias y por supuesto, en las dictaduras. No es que se descubra el hilo negro, de hecho estamos más espiados que nunca antes un ser humano lo estuvo, sin embargo el descubrirlo cala, siempre cala.

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Los aprendizajes del derrumbe de la Catedral La Barca nos dice que debemos ser más preventivos que reaccionarios ante la tragedia, esta misma lección nos aporta el actual gobierno Fernando Bautista Dávila Presidente Municipal de Tuxtepec que, dado su discurso hace que estas acciones de espionaje resulten la antítesis de la síntesis de sus intenciones para con el pueblo: cercano a la gente. Su templo demócrata y transparente ha tenido un derrumbe.

Antonio Sacre, edil que le antecede, fue más descalzo, nunca negó la cruz de su parroquia; de hecho ya se comienza a usar el adjetivo “ya la sacreaste” cuando de un robo de proporciones inimaginables se realiza en Tuxtepec, dice el pueblo. El “gordo” a nadie engañó con que estaba en el poder para enriquecerse e hizo lo que tenía que hacer para que no le pasara lo que ahora a Dávila. Barrera también logró sortear la crisis con la prensa, al menos no la tuvo al grado que ahora la tiene Dávila en menos de sus 100 días de su corto periodo de gobierno.

Ayer en Oaxaca el actual edil Tuxtepecano expresó en entrevista que había dado la orden al personal de ayuntamiento de ser exagerados en esforzarse en tratar bien a los usuarios, al pueblo. Dijo además que se siente orgulloso de ser el primer chinanteco en la historia del municipio cuenqueño, segundo de importancia en el estado, en ocupar el poder ejecutivo y que se están realizando obras sin precedentes durante su neonata administración; anunció también inversiones y sonrió, sonrío y se despidió en chinanteco. Por cierto, no hubo transmisiones en facebook live de lo que fue a hacer a Oaxaca ni busco mandar un mensaje mientras la tormenta aquí crecía con la prensa.

El espionaje es bonito, le conocemos como chisme y como en todo, hay niveles y hay intenciones. Por ello el gremio periodístico, casi en su totalidad, manifiesta que las intenciones de que Dávila esté espiando a trabajadores y funcionarios hace que su discurso probablemente pase a convertirse en un ridículo que sea el mayor logro de los 100 días de trabajo.

Dice la iguana que ahí me deja unos datos de un escándalo en los Estados Unidos del siglo pasado para que se comprenda, guardando las proporciones, la solidaridad lograda por este caso en el gremio periodístico de Tuxtepec.

La verdosa se acicala la cresta y dice que ella quiere que la espíen en su pestilente arroyo Moctezuma, que desea cámaras y micrófonos por todos lados las 24 horas del día, y que es más, propone un BIG BROTHER reptiliano para que el mundo se entere de las condiciones en las que vive, sólo pone una condición, que tenga un representante ya que al ser tan sexy, no faltarán propuestas que desvirtúen sus intenciones de sanear su arroyo.

Mientras me dice esto pienso que ojalá y alguien nos esté escuchando para que se sume a la fiesta.

Un poco de chisme del efecto de ser descubierto chismeando:

El mayor escándalo en la historia de la política estadounidense es el Watergate. Dos periodistas jóvenes pero audaces, Bob Woodward y Carl Bernstein, sacaron a la luz las técnicas sucias que la Administración republicana de Nixon empleaba para espiar la sede del Comité Nacional Demócrata en el Hotel Watergate de Washington.

Los intrusos (James W. McCord, Bernard L. Barker, Frank A. Sturgis, Eugenio R. Martínez y Virgilio R. González), conocidos como ‘los fontaneros, provistos de guantes, equipo fotográfico, micrófonos y otros mecanismos para escuchas, habían entrado ya el 27 de mayo en estos bloques de apartamentos y oficinas, situados junto al río Potomac.

Su misión era obtener archivos de los demócratas sobre las relaciones comerciales de Donald Nixon, hermano del presidente, con el millonario Howard Hughes.

http://historiausa.about.com/od/presid/a/Qu-E-Es-El-Caso-Watergate.htm

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